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Mensajes de Reynaldo González

Mensaje de Reynaldo González



Cualquiera diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un atropello --en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya banalizado- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acuñados en sus posiciones. Ocurre con el holocausto de los hebreos por el nazismo. Al homenajear al culpable --directo o instrumentalizado-- de un error enorme, de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente sus hechos, su culpa.



La televisión y sus responsables --los que residen en L y 23 y los distantes-- han dado un paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a "las partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus "protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un ente aparte de la cultura cubana?



Te autorizo a utilizar estas opiniones,



Reynaldo González



6 de enero de 2007



Mensaje de Reynaldo González a Desiderio Navarro



Querido, sé que puede resultar diverso, pero desearía que muchos se sensibilizaran para hacer notar un error. Nomás, pero en grande. Y pienso que uniendo ideas y expresiones de tu carta, de la reflexión de Arango y de mi breve respuesta a Jorge Ángel, pudiéramos armar un documento, recabar firmas y entregarlo al ICRT y a nuestras fuentes gestoras. Dime algo sobre esto.



Reynaldo



6 de enero de 2007



Respuesta de Reynaldo González a Desiderio Navarro



Coincido contigo. Como Arturo, otros nos enviarán opiniones, o podremos provocarlas. Y buscar un tono, lo más difícil, que no atropelle las ideas, porque tenemos la razón. Y que no parezca rencoroso, sino justiciero. Obviamente, el asunto fue elaborado, documentado. Cuando aprendo que no se le mencionó en su trabajo como funcionario, veo que quisieron salvarlo de lo que lo podía revelar, pero le dan la categoría de poeta. Poeta sin entorno poético. Debe habérsele visto junto a Guillén, por supuesto, pero subrayaron su trayectoria no literaria y sus vínculos extraculturales. Es lo que me cuentan. Yo solamente vi un desfile de condecoraciones y cartulinas, que constituyen su herencia. Inmediatamente él, que hablaba con una voz de vieja fatigada. Nada más. Tuve una información más detenida por Antón. Bueno, pero estemos al tanto. Ya sé que este asunto constituirá un impacto, una incisión en el cotarro. No porque alguien dude de su hijoputez, sino por las mismas razones que apuntas en relación con el pasado. En la actualidad hay intereses cruzados, más intereses. Veamos, pero no creo que debamos esperar demasiado, porque se enfría. El trópico indolente, el trópico.



Hasta mañana.



Rey



Mensaje de Reynaldo González a Jorge Angel Pérez



Estoy de acuerdo con la respuesta que le das a Sigfredo. Hoy mismo me llamó Rebeca Chávez. Piensa que esto implica a toda la cultura, incluidos los cineastas y todos. Me escribió Zenaida Castro Romeu, y Cira Romero. Y considero que tienen razón. Encabezaremos los premios nacionales, ofendidos o no, con los que se quieran unir. Y todos. Pero ahora, con la citación para el martes, de Abel y Carlos Martí, me preocupa que nos quieran parar la jaca. Cualquier cosa que hiciéramos, no tendría el alcance multitudinario de la tv.



Debemos dejar constancia, alguna vez, de que ese mal llamado quinquenio gris fue un cáncer. La operación ha sido buena, pero no se ha divulgado directamente y por esos ocurren estos atrevimientos. Una parte de la cultura, y de la para-cultura, y de otras disciplinas, no tienen una comprensión del verdadero drama, del corte al sesgo que s ele dio a la vida cultural, terreno donde las cosas no se subsanan con decretos, con los cuales sí se les hizo enorme daño. Estas cosas debemos dejarlas muy bien sentadas en la reunión del martes y persistir en que queden explicitadas.



Abrazos, continuamos en la brega,



Reynaldo





Otro mensaje de Reynaldo González

Querido Abelardo, quizás estés informado del movimiento que se ha formado en repudio al programa Impronta del viernes pasado, dedicado a exaltar a Luis Pavón soslayando su pasado por el consejo nacional de cultura y cuanto de terrible significó para la cultura cubana, las vidas de sus prtagonistas, incluidas las muertes de algunos y el exilio de muchos. Estamos promoviendo una adhesión a la protesta. En el dossier que te envío incluyo la mayor cantidad de información. Estará en la mesa ministerial, en una reunión que cinco de nosotros tendremos con el ministro mañana martes. Será una primera, para encausar mejor el asunto. Se han adherido ya casi todos los premios nacionales y no deben quedar fuera los de teatroi, quienes más sufrieron las andanadas del pavonato. En este dossier faltan mensajes, recepcionados por Desiderio, o Arango, o Jorge Ángel. Te incluyo lo que poseo. Entre hoy y mañana tendremos el conjunto, donde te pido que esté tu adhesión si lo consideras pertinente.



Un Abrazo,



Reynaldo González



8 de enero de 2007



Mensaje de Reynaldo González a Waldo Leyva



Tienes razón Waldo. Y algo haremos, con prontitud, para ponerlo en manos de quienes dirigen la cultura desde el ministerio correspondiente y desde el Partido. El montaje de la "entrevista" fue muy elaborado, las imágenes, que como se ha dicho, "dicen más que mil palabras", colocaban a Pavón en un altar patriótico. Quienes orquestaron esto quizás pasan por alto los sufrimientos, las desapariciones, el horror de un eríodo cruel, ensañado, que no se ha ventilado en su virulencia y en sus consecuencias ulteriores. Cada cual ve la feria como le fue en ella. Siempre he pensado que Pavón cumplió órdenes, pero con un placer de torturador nazi, en el afán de situarse como "poeta" --ya conocemos a otro "poeta", Aldana, quien nos vio y trató como a blandengues y manejables, y que fue demasiado lejos--, y otros, de aquella época, incluidos los que ahora, con la misma furia, desde la otra orilla agreden a la revolución y no cesa en demeritarla. Pudiéramos sacar cuentas de cuánts de los privilegiados de la época aldánica o dle pavonato están hoy en la rtinchera opuiesta: sencillamente, los más connotados. Lo que ahora ocurre es un ultraje a la memoria de Virgilio Piñera y Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados. Véanse las fechas, algo que echa abajo la teoría de un período breve. El reconocimiento a este hombre, que ahora como la vieja dama de la pieza teatral "enseña sus medallas", ha soslayado, con un truco demasiado explícito, el período en que él manicheó como un dictadorzuelo colonial la cultura cubana y los destinos de sus hacedores. Las fotos en que se exhibe con los líderes de la revolución se han puesto como una rehabilitación, una sacralización. A él, que a tantos demonizó. Aceptarlo es padecer una vez más el escarnio. Ha sido, por la latencia de esta posibilidad, quizás como gato escaldado, que durante años he alegado por una revisión ecuánime y fuerte de lo sucedido en aquellos años negros y su secuela. No quiero pensar que la ocasión regrese. Y creo que rápidamente debemos impedirlo. La insensibilidad e insolencia con que el ICRT, siguiendo mecanismos de la época comercial --Guastela, Sabatés, Crusellas--, que siguen siendo sus patrones formales en cuanto al manejo de las inteligencias --con cuanto de banalización de ideas fundamentales arrastra el método--, lleva demasiado lejos sus compromisos, de la clase que sean. Evidentemente, no son los compromisos y las ideas de la actual política cultural. Debo entenderlo como intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la cultura cubana.



Me alegra tenerte firme en estos momentos.



Abrazos,



Reynaldo



Una pesadilla sin perdón ni olvido

La tarde-noche del 30 de enero, en la Casa de las Américas, no alcancé a leer las páginas que siguen. Sabía que el diálogo se bifurcaría por las innúmeras asignaturas pendientes de la vida cubana, ya presentes en el inicial intercambio de mensajes. Sin restar importancia e imprescindibilidad a reclamos largamente pospuestos, deseaba subrayar informaciones que desconocen quienes llegaron a la vida pública después de la pesadilla eufemísticamente llamada "pavonado", extendida y afirmada en una variante no menos execrable, el "aldanato". Sus acciones tuvieron como constante la sobrevaloración de los "cuadros" y una consideración peyorativa de los intelectuales y artistas, con el Do de pecho "teórico" de Carlos Aldana al definirnos "las partes blandas de la sociedad". Ellos eran las partes "duras" y sólidas, la gente de confianza, los que "cortaban el bacalao". En artes plásticas preferían los marmóreos arquetipos del realismo socialista estaliniano. En literatura, a poetas también "confiables" y "firmes como el granito", sin excluir a los cuadros de mando, empeñados en que consideráramos poesía su entusiasmo marcial. En narrativa, la "literatura de la violencia" --definición que me deben, pero no su hipertrofia y su exaltación canónica--, y adulones todo terreno. El conjunto era una andanada de katiuskas lanzadas como hosannas a connotados generales soviéticos, más presentes en la mitología propuesta por los mass media que nuestros próceres independentistas. Al convite acudieron talentos emergentes que aprovechaban su hora y momento, instaladísimos y dispuestos a imponer su medrosos engendros, y un ejército burocrático que imponía lo que llamamos "síndrome del misterio". Pero ¿cómo se llegó a tales aberraciones? En las páginas que debí leer ese día, escritas en aluvión, dictadas por el afán de justicia, incluí algunos saltos de gigante.



Hoy, previendo que entre muchas cosas de gran importancia se difumine el motivo inicial de la protesta, se las envío y quiero que tengan la mayor difusión posible:



"Quinquenio gris", "decenio negro". Ambas definiciones resultan ineficaces para calificar los comportamientos sectarios y dogmáticos que le generaron un extenso rosario de sufrimientos a la vida cultural cubana. No puede reducirse a una disquisición semántica, que disuelva en farsa lo que vivimos como drama y en algunos casos, como tragedia. Las fechas se desdibujan cuando la resurrección televisiva de algunos de sus culpables golpea la memoria dolida --sin que olvidemos que ésos son mascarones de proa--. Homenajes supuestamente culturales en la televisión alarmaron porque permiten suponer espaldarazos a sus actuaciones pretéritas y una validación de los hechos que les dieron triste notoriedad.



La protesta que tales transmisiones despertaron fueron respuestas a una provocación en serie, tras la cual no podíamos menos que apreciar un propósito. En la muy vigilada y politizada televisión cubana sería ingenuo imaginar casualidades, sobre todo cuando se glorificaba a quien ayer se les permitió hechos que la justicia calificó de anticonstitucionales y abusos de poder. La inusual presentación de Luis Pavón Tamayo junto a los dos líderes más altos de la Revolución y el silenciamiento de la etapa en que con saña rigió los destinos de la cultura cubana, semejaron una exculpación. Quienes decidieron, argumentaron y realizaron esos programas, arguyeron que desconocían la figura exaltada. Esa afirmación ya los descalificaría por irresponsables e ineptos, pero no les creímos. La negativa a reconocer públicamente su inoperancia o culpabilidad dio al asunto los más inaceptables tintes de obstinación y de burla. Ya no podíamos verlos sino como culpables e imaginarle al asunto una trama cuyas ramificaciones se nos escapaban. ¿Estábamos ante un intento de resucitar las viejas pesadillas?



Desde el inicio de nuestra vida revolucionaria asomaron tendencias y grupos que entraron en la lidia con diferentes presupuestos estéticos y participaron en un forcejeo por el poder. Representaban --o se amparaban en-- programas y convicciones. Un grupo llegó afincado en la aberrada y abortiva práctica cultural soviética, sus teorías y su propaganda. Tenían una organización mejor elaborada y "cuadros" para pescar en río revuelto. Otros grupos, intuitivos e inexpertos, respondían a concepciones artísticas actuantes en el país y en las obras de creadores que vivían nuestra cultura eminentemente occidental y vanguardista. Cuando la definición del carácter socialista de la Revolución privilegió el arte comprometido, fue asumido mayoritariamente por nuestros intelectuales y artistas, que palpitaban en el augural consenso despertado por la Revolución, en la comprensión de que eso no implicaba la imposición de una particular escuela o tendencia, mucho menos las torceduras del realismo socialista, ajeno a nuestra idiosincrasia y a nuestra historia.



Pero no estábamos tan desinformados sobre las tragedias vividas por la intelectualidad del Este europeo como para aceptar la obstinación de quienes, acusándonos de extranjerizantes, se apropiaban de espacios definitorios y proponían, ellos sí, fórmulas explícitamente extranjeras bajo el pretexto de servir a los ideales revolucionarios y a la conformación de un pensamiento nuevo.



Comprendimos --y sus acciones no dejaron dudas-- que no se trataba solamente de concepciones estéticas y que acarreaban otros objetivos bajo el disfraz de la coherencia ideológica. Eran una extensión de la mencionada lucha por el poder. Y ganaron espacios. Sus criterios predominarían en el período negro, cuando cometieron crímenes de lesa cultura, arrollaron, despreciaron y destruyeron. Luego el ambiente no les favoreció y debieron replegarse, pero, se hicieron fuertes en terrenos débiles por inadvertencia, o por connivencia, o --como lo veo-- por explícita ineptitud. Esa historia tiene altibajos, vueltas y revueltas que han definido el terreno en ocasiones maquillada de concepciones filosóficas, otras como hojas de servicio, siempre de dogma impuesto. En primer plano, o camuflados, en avances y retrocesos, los representantes de la línea dura han persistido en un forcejeo sinuoso.



Una vez alistados, esperanzados en una peculiar y muy delicada coyuntura de nuestra vida política, consideraron que era el momento de emerger para contradecir desembozadamente una línea cultural que procura un diálogo de nuevo tipo. Asistimos a una escalada cuyas escaramuzas más evidentes denunciamos. Algunas habrá que pasaron inadvertidas. Se envalentonaron y supusieron que impunemente podían exaltar sus símbolos y refrescar el fantasma del dogmatismo, que no es una comprensión del arte o de las argucias de la comunicación, sino un empecinamiento en fórmulas que ya demostraron su fracaso. Lo que asombra en los acontecimientos recientes es su enseñoramiento y su altanería revanchista.



No creo pertinente reconstruir los pasos que llevaron a la implantación del período nefasto que llamamos "pavonado" y los posteriores intentos para distenderlo, reanimarlo y devolvernos a prédicas que soslayan nuestras tradiciones. Sí les recuerdo que esa tragedia no empezó en 1970, sino que fue armándose laboriosamente, aprovechando los resquicios de actuaciones venales, ególatras, el aturdimiento de novatos y los empecinamientos de grupos que primero atendieron a sus propios intereses y luego se vieron bajo la nube negra de la instrumentalización por parte de quienes en la lidia se mostraron más oportunos. En sus alforjas cargan los "razonamientos" que atizaron la creación de la UMAP, las purgas universitarias, las razzias, la instrumentalización de los prejuicios homofóbicos, la intolerancia ideológica como un elemento persistente.



Hubo comportamientos de todo tipo y muy pocos constructivos. Algunos, enseñoreados en el terreno que les tocó, adoptaron poses mesiánicas, se creyeron conductores de vidas y obras. Otros justificaron su inacción con la "disciplina" entendida como la más alta virtud del revolucionario, en olvido del levantisco aserto martian



El carácter del pavonato lo conocemos todos. Fue la descalificación de quienes pensábamos de manera opuesta, o siquiera matizada, el ordeno y mando, la desactivación de instituciones que eran el orgullo de nuestra cultura y, sobre todo, un criminal desprecio al diferente. Quienes no entrábamos en sus "parámetros" fuimos declarados enemigos merecedores del desprecio público. La UNEAC, institución que debió defendernos, nos dio la espalda. En nombre de esos criterios estigmatizaron, inhabilitaron y apartaron. Un colmo fue que llevaran a fetiches los símbolos que destruían, cuando la homofobia exacerbada los condujo a desarticular el Teatro Nacional de Guiñol y en imitación de los nazis, quemaron los muñecos. Fue la glorificación del machismo, su violencia gratuita, su ensañamiento y bestial pérdida de sentido. Fue la extrema politización. El "tapabocas revolucionario", el silencio impuesto, el miedo, el miedo. Como en el título de una película, el miedo devora el alma, intimida, engarrota.



Deberá comprenderse que una posible reivindicación de esos verdugos se tenga como escarnio de la memoria de quienes padecieron ultrajes desde antes y durante el pavonato, revolucionarios y verdaderos artistas como Roberto Blanco, estigmatizado, sometido a un onerosos juicio en presencia de sus colegas, Servando Cabrera Moreno, los hermanos Pepe y Carucha Camejo y el talentoso Pepe Camejo, Raúl Martínez, el iconógrafo de la revolución, Virgilio Piñera y José Lezama Lima, muertos en el ostracismo, y tantos otros. Sus historias individuales no caben en estas apretadas notas.



Los dogmáticos apoderados del poder por el que tanto se esforzaron, confirieron posiciones privilegiadas a unos grupos e individuos sobre otros, se ensañaron con quienes no respondíamos a sus patrones modélicos. Determinaron lo correcto o incorrecto, lo legal o delictivo, lo pecaminoso o lo saludable. Implantaron métodos de terror y de persecución, labores policíacas, la delación. Sus criterios elevaron a hegemónicos, no solamente en las concepciones estéticas, sino sobre la vida íntima, vigilada y constreñida, e implantaron la desconfianza como costumbre. Sabemos que daños de esas dimensiones pueden ocurrir por decreto y desde posiciones de fuerza en la cultura, pero no se curan por similares métodos porque lastran a generaciones, inhiben el pensamiento y la acción. Nada devolverá las vidas estropeadas, las vocaciones impedidas, las ausencias provocadas, el miedo sembrado en la mente.



El revanchismo, que de nuevo querrá aureolarse de propósito plausible, no puede esconder su verdadera esencia, que es el odio; su verdadera ambición, que es el poder. Estamos aquí para desenmascararlo. Agradecemos que nuestro trabajo se reconozca, pero no hemos perdido la esperanza del "turno del ofendido" de que nos habló un poeta. Quienes denunciamos los actos recientes no albergamos rencores, no nos anima la venganza, no le escamoteamos el sitio a quienes, pensando diferente, puedan ostentar obras que enriquezcan el patrimonio cultural cubano. En afán de justicia intercambiamos mensajes electrónicos con toda espontaneidad, sin organización previa, por un salto de horror, el mismo que dicta estas páginas. Era la vía de que disponíamos, minoritaria frente a la televisión que en cada casa presentó como benefactor a quien dañó gravemente nuestras vidas. No actuamos embozados, ni confabulados. Y advierto que no somos blandos, ni moldeables, ni nos dejaremos confundir con proposiciones tergiversadoras, de cualquier parte que provengan.



Reynaldo González



4 de febrero de 2007



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