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Mensajes de Arturo Arango

Desiderio



Esta mañana te reenvié el breve correo de alerta que circuló Jorge Ángel Pérez porque estaba seguro de que reaccionarías con tanto enojo como lucidez al desconcierto que él planteaba.



Concuerdo plenamente con tu análisis y, como a ti, me cuesta creer en las casualidades. Aunque sea obra de un aparente azar, la presencia en la televisión cubana, a pocos días de diferencia, de Jorge Serguera y Luis Pavón Tamayo debe ser interpretada como un síntoma, y cometeríamos el gravísimo error del silencio si no realizamos, de inmediato y por cualquier vía, la labor simultánea de denuncia y análisis.



Porque la denuncia sin que se piense a fondo, como tú haces, ese pasado cuyas cicatrices aún perviven en la cultura cubana, puede ser inútil, como lo sería también el pensamiento neutro, que no sitúe posiciones y enfrente perspectivas.



Vivimos un momento tan difícil como intenso, y estoy convencido de que el rumbo que el país tome en un futuro más o menos inmediato es responsabilidad de todos. El campo intelectual cubano, a mi juicio, se ha complejizado en los años más recientes, y, al lado de un evidente pensamiento de derechas, dentro y fuera de Cuba, coexiste una posición complaciente (¿una derecha pragmática?) en la que se mezclan las oportunidades del mercado con la preferencia oficial por actitudes de obediencia y silencio. "Si me dejan ganar dinero en paz, me quedo callado o aplaudo sin reservas", parecería ser un lema frecuente en estos días, alimentado por la difusión de que disfrutan esos que siempre asienten y el usual ninguneo para quienes, desde la izquierda y la revolución, prefieren pensar (y, con frecuencia, discrepar). Ambas vertientes, la derecha beligerante y la pasiva o pragmática, pueden ser un terreno propicio para el resurgimiento no ya de figuras cuyo capital político, incluso por razones de edad, está muy desgastado, sino de un tipo de pensamiento que persiste en nuestra cultura.



Gracias por la provocación. Me gustaría que, de inmediato, este mensaje tuyo desencadenara una reacción realmente productiva, donde se debatan asuntos más interesantes que el número de velas en un set televisivo.



Con un abrazo,



Arturo Arango



6 de enero de 2007



Otro mensaje de Arturo Arango



Amigos y compañeros:



Las señales, los síntomas, siempre son complicados y diversos, y creo que hacemos mal si sólo vemos (y condenamos) unos y pasamos por alto otros. Mientras en la televisión ocurrían estas dos apariciones, en otra zona de la realidad le fue concedido el Premio Nacional de las Ciencias Sociales a Fernando Martínez Heredia, el guevarista, el fidelista, el marxista, uno de los intelectuales que con más lucidez ha analizado la historia cubana del siglo XX, de los fundadores, y el director, de la más importante revista cubana de Ciencias Sociales, un ser consecuente hasta el dolor con sus ideas, que siempre está colocando su pensamiento en términos de acción hacia un futuro que comenzó a imaginar desde que aún estaba en Yaguajay y en que aún sigue confiando. Hay que leer también esta señal, y acompañar a Fernando en sus empeños. Acompañarlo como él siempre ha querido que sean las compañías intelectuales: atendiéndolo y discrepando con él, escuchándolo y discutiéndolo. Y si todo ello ocurre frente a una botella (no de agua), mucho mejor.



Arturo Arango



7 de enero de 2007



De Arturo Arango a Desiderio Navarro y Reynaldo González

Desiderio, Reynaldo: Dirijo esta carta a ustedes (aunque la remito a todos los que, de una forma u otra, se han involucrado en esta reacción), porque me resulta más cómodo pensar que converso con dos a imaginar que hablo frente a una multitud. El debate, como era de esperarse, ha desbordado sus fronteras iniciales. Yo mismo lo hice, al añadir la lectura del Premio a Fernando Martínez Heredia. Anoche Desiderio me habló de un asunto sobre el que, en un compendio que acabo de recibir, y donde encuentro muchos textos que no me habían llegado, también se trata. De manera más explícita, en las cartas de Magaly Muguercia y de Amir Valle. Me refiero a la pregunta: ¿Quiénes deben participar en el debate? o ¿Quiénes tiene derecho a participar en el debate? Trato de dar algunas ideas, quizás inconexas:



- Aunque no estamos estrenando esta vía, sí, hasta donde recuerdo, es la primera vez que un diálogo tan importante y con tantas voces tiene lugar mediante correos electrónicos. Esa condición, en sí misma, lo hace que ruede como una bola de nieve. Los dos textos que he enviado han llegado a personas que no están siquiera en mi lista de direcciones. No me parece mal. Es algo dictado por las circunstancias y debemos tomarlo en consideración.



- Quienes viven fuera de Cuba, ¿no pertenecen ya al corpus de la cultura cubana? Esa posible exclusión, ¿no contradice el espíritu de todo lo que se ha hecho por reinsertar aquí todo cuanto de Cuba y su cultura andan dispersos por el mundo? Si decidiéramos que este es un debate sólo "entre revolucionarios", ¿estaríamos diciendo que quienes vivimos dentro de la Isla lo somos, y los que están fuera dejaron de serlo, automáticamente? Un escritor como Abilio Estévez, que sufrió como pocos las consecuencias del pavonato, ¿no tiene derecho a participar?



- Considerar que este problema atañe sólo a quienes, por edad, lo vivieron, ¿no es pensar que se trata de algo pasado, que no involucra o amenaza el presente y el futuro? Les confieso que si algo me alarma en este minuto es que muy pocos jóvenes han opinado. Supongo que nos miran como pensando: ¿en qué andan esos viejitos?



- Aunque quienes estamos participando pertenecemos al campo de la cultura artística y literaria, la época de dogmatización que estamos llamando pavonato afectó a todo el país. Aunque mi mamá, mi suegra, mis vecinos, no conozcan a Luis Pavón, también fueron dañados por él.



- Por supuesto, sé que en un debate de estas características no se forman dos bandos: los que denuncian y los denunciados. Entre unos y otros hay posiciones diversas. En este caso en particular, el hecho de que alguien crea, como yo, que el programa dedicado a Pavón fue un error, no implica que ambos pensemos de la misma manera. Incluso, podemos estar de acuerdo sólo en ese punto.



- También estoy conciente de que la inclusividad arrastra las malas yerbas. Siempre habrá un oportunista que se sume, alguien que en los 70 estuvo en el bando de los represores y ahora se lleva las manos a la cabeza, escandalizado; también quienes, desde posiciones cómodas, enturbian el debate, lo enrarecen, y no podemos descartar la presencia de algún que otro provocador. Pero, insisto, que todo ello ocurra es inevitable, y quizás no sea del todo malo.



- Claro está, siempre y cuando hablemos, como hasta ahora lo ha hecho la enorme mayoría de quienes participamos, con transparencia, y seamos capaces de apartar la paja del grano para que el final de todo esto aporte alguna utilidad. Es decir, debemos cuidar que la bola de nieve siga el camino que nosotros elegimos, y no dejar que la desvíen, y que, en lugar de desbrozar los espacios, destruya con su peso lo que ya hemos alcanzado.



Los abraza



Arturo A.



De Arturo Arango a Orlando Hernández



Orlando: Llevo cinco o seis días inmerso en esta polémica y ya, francamente, estoy muy saturado. Desde ayer sólo atino a reenviar los mensajes que me llegan a quienes puedan serles de utilidad, y no respondo al remitente. Pero el tuyo me ha parecido extraordinario. Hay que sacar provecho de este momento, y ello no debe ocurrir con lamentaciones o, solamente, pases de cuenta o disculpas (que son imprescindibles también), sino, en lo esencial, moviendo el pensamiento, el conocimiento, desatando las fuerzas dormidas.



Mi abrazo,



Arturo Arango



De Arturo Arango en respuesta a Orlando Hernández



Querido Orlando:



Como es obvio, este es un asunto que se mueve en muchos planos, pero el principal es el de la política, siempre tan complicado. En verdad, sin que se nos hiciera un llamado a la discreción, me doy cuenta de que quienes participamos en las dos reuniones, casi de inmediato, bajamos el tono, o nos apartamos del debate público. También hay una alta dosis de saturación, como te dije antes. Y, entre nosotros, actitudes y expectativas distintas. El alcance de un proceso de este tipo siempre es igual a la resultante, no la suma, de las expectativas.



Hubo acuerdos, en la segunda reunión, y explicaciones. En un orden menor, para mis expectativas (pero mayor o absoluto para otros), la seguridad de que lo ocurrido, si bien no fue ingenuo, no se trató de una conspiración y, por añadidura, de que algo similar no volverá a ocurrir y que los extremos ideológicos de eso que, por reducción, llamamos pavonato, no volverán. Lo que viste de Criterios es otro resultado, que debe extenderse. No te digo cómo simplemente porque algunos implicados pueden no saber aún de propuestas que tienen que ver con esferas que están bajo su dirección. En resumen, por el momento, se estableció, como acuerdo, la convicción de que es preciso estudiar, conocer y divulgar los procesos que forman la política cultural cubana en todas sus contradicciones. Y no sólo de los años 70. Para mí, es una de las conclusiones más alentadoras. También habrá todo lo demás que es previsible: sanciones, informaciones, etc.



A mi juicio, ha quedado también un resultado implícito, que por primera vez sucede entre nosotros, y que ha sentado precedente: la manera como se estableció el debate, cuyas proporciones aún no somos capaces de calcular. La movilización, denuncia e intercambio de ideas por email ha hecho posible, por ejemplo, que tú y yo estemos intercambiando criterios ahora mismo, después de muchos años sin hablar. Sin hablar por pereza, porque la cotidianidad nos lleva por caminos distintos. Pero esta es una lección que todos hemos aprendido. Y cuando digo todos, digo todos. Es importante también que nadie haya cuestionado la legitimidad del método y que, incluso, fueron criticadas aquellas personas que en sus mensajes trataron de acallarlo.



Esta tarde regresaba a casa con Omaida. Un vecino, hombre de unos cuarenta años, a lo sumo, ex deportista y entrenador de remos, me saludó efusivamente. Me dijo algo de las velas y la televisión. Se me hizo obvio que sabía, pero creí que me quería hablar de los mensajes que circularon sobre el programa de Alfredito. Ante mi mirada de indiferencia, casi citó la última línea de mi primer mensaje. Y luego dijo: "Estoy totalmente de acuerdo con ustedes. Cuenten con mi apoyo". Me quedé perplejo. Empecé hablándote de política. Me refiero a la más pura y dura. Me parece que también los mensajes llegados desde el exterior, a partir del día 11, motivaron contracciones en algunos, y es explicable. Le escribí a Lichi agradeciéndole su carta. Algunos de esos mensajes me molestaron tanto como la aparición de Pavón. Me son más cercanos. Pero creí que responderles era un error. Lichi estaba en mejor posición para hacerlo. En él no podía parecer que actuaba por miedo, arrepentimiento, oportunismo. Son las interferencias, las suciedades que también hay que ir despejando del debate. Ahora pienso que no hay que dejar decaer este impulso, que hay que irlo dirigiendo hacia otras zonas, y no perder las comunicaciones. Como he querido decirte con el ejemplo de mi vecino deportista, todo esto que nos estamos escribiendo pasa, se infiltra a esas otras capas que también forman la cultura.



Tu mensaje, este mismo que respondo, me llegó por varias vías. Una de ellas, reenviado por Pineda Barnet. Su respuesta es, creo, reflejo de que para todos, en distintos grados (en dependencia del mayor o menor escepticismos) es obvio de que algún paso hemos dado.



Al final no sé si te he respondido o no. Es una descarga, otra.



Abrazos



Arturo Arango



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