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Spanish post from Ciudadano Cero by Jeovany Jimenez Vega

¿Se gesta un cambio fraude en Cuba?







En una memorable escena de “El Padrino”, de Francis Ford Coppola, el viejo Corleone entrega el mando familiar a Michael, a la vez que le previene sobre el inminente peligro de una traición. El Don es un profundo conocedor de la naturaleza humana, por eso su intuición cobra grado de certeza; sabe que en toda guerra el enemigo obedece a la lógica inexorable y simple de destruirte, incoercible instinto que persistirá aun cuando simule desear conciliaciones. De ahí la sentencia lapidaria de Corleone cuando advierte a su hijo: “…quien te hable de la reunión de Barzini es el traidor.”



Rememoro esta escena a raíz del debate en boga que centra hoy la atención de la oposición cubana sobre la extendida sospecha de que el tardocastrismo fragua una puesta en escena para simular una presunta vía de diálogo con la disidencia, lo cual no sería más que un farol dirigido a la administración Biden y a la ceñuda Europa que no tranza con el tema Derechos Humanos. Considerando los modus operandi del régimen podemos asumir que esta sería una de sus tácticas previstas, pues nada nuevo representaría en su estrategia de generar una disidencia controlada –recurso bien recurrido por los regímenes análogos desde el pasado siglo.



Pudo generar suspicacia la polémica declaración donde Tania Bruguera, una de las voces más visibles del emergente Movimiento 27N, responde a una pregunta de Eliecer Ávila sobre el hipotético modo en que se dirigiría al actual rostro visible de la dictadura. Que Miguel Díaz-Canel nada decide en Cuba es un secreto a voces: nada ha cambiado bajo un elegido a dedo que no disimula su lealtad a los Castro; la marioneta visible de esa oligarquía que entre bambalinas ejerce el poder real no ha hecho más que jactarse de su incondicional adhesión a la más rancia continuidad.



Por eso cuando esta nueva Tania, que nadie ha nombrado –aunque, para ser justos, tampoco se autodeclara– interlocutora “oficial”, ahora se dirige a Díaz-Canel llamándole Presidente en un tono demasiado meloso para el paladar criollo, y casi le suplica esa concordia que el tajante castrismo siempre nos ha negado, saltan las alarmas dentro de la oposición cubana no por casualidad más radicalizada. Como casi siempre, suele tratarse de ese sector opuesto con mayor vehemencia a los dialogueros advenedizos no por orgullo herido ni por gratuito rencor, sino porque una mayor madurez le ha dotado del sano hábito de evaluar situaciones sin edulcorarlas, desde la objetividad y al amparo de la lógica confrontacional a que le han conminado las reiteradas oleadas represivas.



Esta oposición con los pies colocados en el suelo no descarta que el régimen haya previsto montarse un escenario controlado donde representar su propio teatro y evadir así cuestionamientos reales. De ahí que cuando llega Tania de la mano de Eliecer Ávila en este tono sí bemol no puede menos que sonarle a muchos como la flautista de Hamelin. Recordemos que Eliecer, el “muchacho de la UCI”, saltó al estrellato con un célebre video viralizado en una Cuba sin Internet que le dio inusitada visibilidad, donde cuestionaba varias políticas gubernamentales ante Ricardo Alarcón. Aquel video, que no fue grabado de forma subrepticia sino con varias cámaras profesionales sobre firmes trípodes –algo perceptible en el correcto encuadre, la estable apostura y varios ángulos de toma– de algún misterioso modo burló la infalible censura de la policía política, y el resto es historia conocida.



Con esto nada digo, nada pruebo, pero quizás aquella inexplicable circunstancia reverbere aún en el imaginario subconsciente y emerja ahora, justo cuando a través de Eliecer nos llega esta “reformada” Bruguera, tan cándida, que insinúa acercamientos con una contraparte jamás proclive a deponer su intransigencia, y que al contrario, continúa batiendo records de reclusiones domiciliarias, detenciones, actos de repudio y vandálicos allanamientos. Esto sucede en momentos que se impone tener una percepción de conjunto para evitar costosas distracciones. No esperemos evidencias obvias, nunca las hubo y no las habrá bajo el castrismo, por eso aquí toda lectura debe hacerse entre líneas, desde una visión panorámica que nos oriente en medio de un complejo contexto supeditado siempre, nadie lo olvide, al ingente trabajo de penetración mantenido durante más de medio siglo por la Seguridad del Estado entre la oposición cubana.



No es gratuita la introducción que inicia este post. Conservemos la certeza de que el Estado cubano ha mantenido siempre una praxis mafiosa en su relación con el pueblo: esa crápula se asocia para delinquir, salta sus propias leyes, roba a manos llenas y lucra con nuestra miseria, nos extorsiona dentro y fuera de Cuba cuando pagamos prórrogas injustificadas y caras, cuando monopoliza en su red de comercio los precios exorbitantes; hace uso de la fuerza si le reclamas, prevarica cuando generaliza su pésima gestión, trafica influencias en sus funciones públicas y coarta la división de poderes cuando se erige en juez y parte; chantajea a millones de cubanos cuando les niega entrar o salir a su propio país por sesgos políticos, en fin pura Mafia en el sentido más estricto del término, y es con esta gente que los dialogueros esperan llegar a acuerdos.



Si el presagio se cumple y el régimen acepta “dialogar”, a su montaje nunca serán invitados los opositores más consecuentes: no estarán Antonio Rodiles en nombre de Estado de Sats, no estará José Daniel Ferrer en nombre de UNPACU, no estará Coco Fariñas hablando por FANTU, ni Berta Soler por las Damas de Blanco, ni el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, entre otras notables ausencias. Tampoco serían invitadas las más visibles voces de la Prensa Independiente cubana, comenzando por Yoani Sánchez hasta las decenas de activistas que dentro y fuera de Cuba bien lo merecerían por haber ejercido contra viento y marea su legítimo derecho a difundir información veraz y han sido para el régimen la puntilla en el zapato.



No, no sería esa la oposición invitada a “dialogar”. El castrismo tiene un plan diferente que no lo expondría a peligros reales: se lo montaría según su estudiado guion prestablecido, pues para eso planta y dota a sus agentes de perfiles creíbles, para introducir su cuña y que todo fluya sin sobresaltos llegada la hora. En esa mesa, donde se jugaría con baraja amañada, el castrismo apostaría a sus cartas e invitaría sólo a interlocutores light y a alguna que otra voz de poca monta para imponer su monólogo de siempre, poco importaría que en ese minuto exacto su aparato represivo continúe en la calle haciendo de las suyas. Otra jugada sucia, equiparable a las payasadas con que Fidel Castro convocaba “cordiales” encuentros en La Habana para “normalizar” su relación con los emigrados.



Lo que vendría luego se desprende por su peso: le seguiría la ofensiva diplomática y publicitaria de rigor donde emplearía a sus testaferros mediáticos, cobraría favores pendientes, pondría en tensión su extensa red de cómplices en foros internacionales, le apretaría los huevos a sus chantajeados y activaría a sus agentes dentro de EE.UU. y Europa para allanar el camino de la reapertura a este Biden que hasta ayer hizo pucheros por reactivar las gratuidades de Obama. Ese sería el fin último de la trampa. Con todo esto el castrismo buscaría distender los ánimos mientras silencia las voces más incisivas y desmoraliza a la oposición más radical, pero sobre todo ganaría un tiempo precioso en medio de este caos generado por su falta absoluta de liquidez y su patético aislamiento político, cada día más hundido en una irreversible crisis que le aboca a un potencial estallido social.



Un escenario radicalmente distinto, por más que se le parezca, resultaría de una auténtica negociación escalonada, al estilo propuesto en ADN. En ese caso, como queda sobrentendido, cada paso adelante estaría condicionado a medidas concretas previas que conduzcan a aperturas reales y progresivas –me das, te doy; no me das, no te doy– o sea, que se exigirían a priori cambios verificables que es, en esencia, justo lo exigido por la oposición. Esto sí podría conducir a la implementación irreversible de mecanismos democráticos que conducirían a una salida negociada del abismo. ¿Una utopía? Definitivamente sí, a la luz de los acontecimientos actuales, pero también una puerta que debemos dejar entreabierta por si algún día con ello se evitan derramamientos de sangre. Sería una suprema necedad negarse a una salida negociada que nos conduzca a la libertad real y a la plena democracia.



El peligro que aquí se expone no proviene del género de negociación que arriba esbozo, no. Procesos de este tipo redundaron antes en la liberación de pueblos en Sudáfrica y la India e incluso fueron determinantes en la transición española, entre otros felices ejemplos, pero las condiciones imperantes de momento en Cuba distan mucho de los mencionados contextos: en nuestro caso la oposición no ha logrado cohesionarse y mostrar músculo suficiente como para presionar a su contraparte. Mientras esa condición esencial no se cumpla, semejante negociación será inviable en el contexto cubano, y la dictadura lo sabe, por eso prepara ahora una nueva celada donde ofrecernos, otra vez, su copa de cicuta.



¡Alerta cubanos! Si el castrismo logra consumar semejante triquiñuela se reacomodaría en su trono y entonces sí podríamos vivir bajo el terror otros 62000 años. De estos hechos se desprende una evidencia incontestable: quien acepte un “diálogo” bajo tales reglas del gobierno despótico de Díaz-Canel en realidad negociaría con el poder tras él oculto, sería cómplice y partícipe del juego de la dictadura e incurriría en un imperdonable acto de traición a la patria. En ese momento valdría aquella premonición de Corleone: si ese día llega veremos quien se prestará a la falsa y conoceremos al traidor.







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