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Spanish post from Ciudadano Cero by Jeovany Jimenez Vega

Cuba: ¿trae gato encerrado el pago con tarjetas magnéticas?





Cuando el des-gobierno de Díaz-Canel anunció la apertura de algo más de 70 establecimientos a lo largo de todo el país para la venta directa en divisas mediante pago con tarjetas magnéticas, justificó su iniciativa en la perentoria necesidad de una rápida captación de divisas, a la vez que presentó su propuesta como una oferta “adicional”, una alternativa que no afectaría, sin embargo, la oferta de mercancías en las tiendas operadas en monedas nacionales.



Las autoridades cubanas siempre insistieron en que esta sería una alternativa más, pero nunca dijeron que sería la única. En cambio, lo que han visto millones de cubanos -tan acostumbrados a escuchar promesas incumplidas- ha sido precisamente lo contrario: en pocos días se ha producido un cierre poco menos que virtual de las tiendas operadas en CUP y CUC. De hecho hoy por hoy las únicas tiendas medianamente abastecidas del país son estas operadas mediante pago por tarjetas magnéticas asociadas a cuentas bancarias en el extranjero -un requisito obligatorio, exigido por La Habana.



Estamos ante un evidente retroceso hacia la fatal dinámica de la triple moneda cuando en su lugar deberíamos avanzar hacia la imprescindible unificación monetaria -tan pregonada e incumplida antes por Fidel y Raúl Castro como ahora por su pelele- lo cual no hace más que afianzar la sensación de que estamos ante un país sin futuro, y que así será mientras la dictadura que lo atenaza gire erráticamente en círculos, sin brújula ni rumbo, patinando una y otra vez sobre su misma mierda.



Hoy vuelve el zorro sobre los viejos pasos, y asegura que sirve vino nuevo cuando en realidad fermenta el mismo orujo en odres viejos. Entonces vuelven a la memoria las puertas prohibidas de aquellas diplotiendas que hasta los 90 representaron para nosotros el Rubicón, el límite físico y metafísico de una ilógica frontera fijada por Fidel Castro, el horizonte de sucesos permitido al cubano común tras el cual intuíamos apenas el agujero negro de la abundancia capitalista, sólo accesible para los privilegiados, para aquellos suertudos que vivían en una realidad alternativa que jamás era la nuestra.



Cada día se hará más evidente que en estas nuevas tiendas -que el gobierno, sin duda, no hará más que multiplicar- sólo comprarán los suertudos de hoy, aquellos que detentan alguna “FE” (familia en el extranjero) o que gracias a alguna coyuntura vital hayan tenido la oportunidad, o el privilegio, de disponer de una cuenta bancaria fuera del país, y aunque ya nada debe sorprender de esta “revolución” de los humildes, por los humildes y para los humildes, esto es algo que no deja de ofender, porque una cosa sería implementar una red de tiendas destinadas a este tipo de pago y otra, bien distinta, pretender que ésta se convierta prácticamente en la única alternativa posible donde adquirir alimentos y aseo (hasta el momento) en medio de una carestía tan brutal y generalizada.



Estamos ante un juego sucio del régimen que detenta un monopolio absoluto del comercio minorista en todo el país, y cuyas diáfanas intenciones saltan a la vista: esta desleal estratagema persigue garantizar el ingreso por adelantado de divisas a las arcas de la dictadura sin ninguna garantía de que la mercancía luego adquirida en Cuba tenga una justa relación calidad/precio, ni si en realidad el Estado cubano será capaz de garantizar la oferta prometida de mercancías, aún cuando el depósito ya haya sido realizado en su cuenta de FINCIMEX. Y para colmo, el régimen pretende lavarse las manos, presiona a los emigrados y traslada hacia ellos su responsabilidad de garantizar la oferta de insumos de primera necesidad.



Este mecanismo, además, pretende evadir, o al menos minimizar, la tenencia de divisas hacia el interior del país, lo cual busca evitar su desvío hacia el extranjero mediante el extenso comercio informal de las mulas que hasta ahora ha importado y abastecido así al mercado negro. De este modo se evade en buena medida la intermediación de toda esa pujante economía subterránea, lo cual sin duda dejará algún que otro sector fuera de juego, pero también aumentará la demanda de divisas dentro de Cuba, lo cual terminará acelerando la devaluación de las monedas nacionales.



Este régimen de oprobio, movido por el profundo desprecio que nos profesa, siempre se las ingenia para interponer algún problema ante cada solución. Cierto que hace unos días el régimen retiró su gravamen del 10% sobre el USD, pero como bajo una dictadura nunca se gana, al final comprobaremos que, sumadas todas las comisiones, a quienes opten por este mecanismo se les terminará sangrando un suculento 15% de su dinero. Esta artera involución es sintomática de la desesperación de una dictadura agónica que divaga sin ruta clara a la vista, sin salida previsible para los acuciantes problemas del país, sin un proyecto viable de nación, y es una prueba más de que este tardocastrismo gerontocrático no dispone de la imprescindible voluntad política, ni de la capacidad mínimamente necesaria para solventar los graves problemas que seis décadas de desastrosa gestión han acumulado sobre las espaldas del pueblo cubano.



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