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Spanish post from 14yMedio by 14yMedio

En Moscú Díaz-Canel sigue los pasos de Fidel y Raúl Castro



Caption: Putin recibió a Díaz-Canel en Novo-Ogariovo, la residencia campestre del presidente ruso situada en las afueras de Moscú.



14YMEDIOLa Habana | La visita de Miguel Díaz-Canel a Moscú ha estado marcada este martes por los encuentros con empresarios, la búsqueda de apoyo energético y la promesa a los inversores de que protegerá sus intereses en la Isla. El mandatario cubano sigue la ruta que una vez emprendieron Fidel y Raúl Castro, pero en un contexto muy diferente.



Díaz-Canel ha llegado a Rusia 32 años después de la última visita realizada por Fidel Castro y una década más tarde de la de Raúl Castro. En 2009, todo el mundo, tanto en Cuba como fuera, esperaba que El General se decidiera a impulsar una serie de reformas.



En 2008, ya el menor de los Castro había eliminado algunos viejas prohibiciones discriminatorias para los nacionales como la de impedir el acceso a hoteles o la contratación de una línea de telefonía móvil. En los años posteriores también autorizó la compraventa de viviendas y nuevas licencias de trabajo en el sector privado y decretó una reforma migratoria que multiplicó considerablemente el número de viajeros.



El Castro que fue recibido por el entonces presidente ruso, Dimitri Medvédev, era considerado como un posible reformista que iba a reflotar la economía cubana, aumentar la renqueante productividad de la Isla, eliminar subsidios, aliviar las tensiones con Washington y preparar la transición generacional para que los históricos cedieran espacios a los líderes más jóvenes dentro de las estructuras del Estado y del Partido Comunista.



Pero también era aún un aliado de la ahora extinta URSS que no llegaba al país del leninismo o la hoz y el martillo, sino a una nación capitalista con Mcdonald's, profundas desigualdades sociales, mafias controladas por los antiguos militares soviéticos y una joven generación desconectada de las "glorias pasadas" del imperio comunista. Un país muy diferente al que había pisado su hermano por última vez 22 años antes.



En 1987 Fidel Castro visitó por última vez la Unión Soviética. En Moscú, estrechó con energía la mano de Boris Yeltsin, ya por entonces apartado de su cargo como jefe del Partido en la capital rusa. La perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov sacudía la vida de la potencia euroasiática y pocos podían siquiera imaginar que en menos de un lustro la URSS sería solo un recuerdo.



En la Isla, Castro había impulsado el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias negativas, una vuelta de tuerca de la estatización económica que se llevó por delante los pequeños vestigios de emprendimiento privado que empezaron a aparecer a inicios de la década de los 80. Eran los años también de un férreo control ideológico en todas las esferas de la vida nacional y en que todavía el subsidio enviado por el Kremlin apuntalaba la economía cubana.



En ese momento, el principal destino de las exportaciones cubanas era la URSS, que también jugaba el papel de mayor suministrador. El intercambio con Moscú alcanzó el 70% del comercio exterior cubano. Los rusos pagaban el azúcar y níquel cubanos a precios por encima de los del mercado mundial y vendían su petróleo a la Isla por debajo de su valor real.



En 1986 la principal entrada de divisas para La Habana fue el petróleo ruso que revendió en el mercado internacional. En los 30 años que transcurrieron entre 1960 y 1990, la Unión Soviética concedió a Cuba 65.000 millones de dólares, el triple de la ayuda financiera que entregó la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy a América Latina, según datos del economista Carmelo Mesa-Lago.



Sin embargo, a pesar de que en los últimos años ha habido un nuevo acercamiento entre ambos Gobiernos y se han estrechado los vínculos comerciales, el protagonismo de Rusia en la Isla está muy lejos de alcanzar los niveles previos a 1991. El comercio bilateral pasó de 200 millones de dólares en 2013 a 451 en 2018 y podría alcanzar los 500 millones este año.



El viaje de Díaz-Canel a Moscú también busca estrechar vínculos y recabar nuevos apoyos en medio de la tensa situación que atraviesa Cuba, especialmente por los vaivenes en el suministro de petróleo venezolano.



Rusia anunció recientemente que destinará 110 millones de dólares para encontrar petróleo en la Isla y la visita que hizo Medvédev a inicios de este octubre incluyó un acuerdo para iniciar la perforación horizontal de un pozo del que se espera extraer crudo y gas. El proyecto, en Boca de Jaruco, Mayabeque, está a cargo de la petrolera rusa Zarubezhneft y la empresa estatal Cuba-Petróleo (Cupet).



El mandatario cubano llega a Moscú, además, en un momento en que crecen las críticas sobre la represión contra activistas y opositores en la Isla. En el último año, Díaz-Canel también ha sido el rostro público tras la aplicación del Decreto 349 que regula la difusión de contenido artístico y ha impulsado una serie de regulaciones en el sector privado que han generado un profundo malestar entre transportistas y comerciantes de productos agrícolas.



El político de 59 años ya no es percibido como el potencial líder del cambio que algunos analistas quisieron ver en él cuando fue designado por Raúl Castro para sustituirlo. Un año después de su ascenso al poder ha impuesto una imagen de "continuidad" con la generación histórica, de inflexibilidad hacia la diversidad política y ha aumentado su retórica agresiva hacia Estados Unidos.



El Díaz-Canel que visita Rusia también llega a ese país en medio de una pérdida de popularidad de Vladimir Putin, un creciente aumento de las protestas opositoras y las denuncias por la posible manipulación rusa de procesos electorales y fenómenos políticos en otras naciones. Un país distinto a la monolítica Unión Soviética que Fidel Castro visitó en noviembre de 1987 para conmemorar un aniversario de la llegada al poder de los Soviets.



En la misma ciudad donde este martes Diaz-Canel ha prometido a los empresarios rusos que sus intereses en la Isla estarán protegidos, cientos de ciudadanos se reúnen en una parque para leer la interminable lista de más de un millón de víctimas de la represión estalinista. Unas masivas represalias de las que apenas se habla en los medios oficiales de la Isla, donde la historia de la Unión Soviética sigue tratada en positivo, sin cuestionamientos.



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