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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

Un doctor en el poder

El Dr. Alfredo Zayas y Alfonso, quien en 1905 había formado parte como vicepresidente de la candidatura para presidente del general José Miguel Gómez, para enfrentar la reelección de Don Tomás Estrada Palma, que en 1908 habían repetido en igual composición, ganando entonces la elección, y que en 1916 se había presentado como candidato a la presidencia, para enfrentar la reelección del general Mario García Menocal, saliendo derrotado, fue el cuarto Presidente de la República. Como Vicepresidente tuvo al general Francisco Carrillo. Aunque tenía antecedentes conspirativos durante la colonia, habiendo estado deportado en Ceuta, era un hombre civilista y legalista: un jurista. Ejerció el cargo desde el 20 de mayo de 1921 hasta el 20 de mayo de 1925. Le tocó en suerte interrumpir la cadena que se había establecido de generales-presidentes, asumiendo como doctor-presidente. Encarna la figura del estadista y no la del caudillo de su antecesor. A diferencia de él, al terminar su mandato tenía construido un parque y levantado un monumento detrás del Palacio Presidencial, los cuales desaparecieron al asumir el poder las nuevas autoridades en el año 1959.



Al Dr. Alfredo Zayas, conocido popular y afectuosamente como el ‘Chino Zayas”, debido a su paciencia asiática, le correspondió asumir la presidencia en una época difícil, afectada aún por la crisis económica del año 1920, que había traído como consecuencia la pérdida de propiedades, el crac bancario y personas totalmente arruinadas. Esto lo obligó a tener que rebajar los sueldos de los empleados públicos, suprimir créditos para la realización de obras públicas, reajustar el presupuesto nacional, establecer el denominado “impuesto del uno por ciento sobre las ventas” y solicitar un empréstito de cincuenta millones de dólares para pagar deudas apremiantes de la República. Estas medidas de ajuste, como era lógico suponer, no fueron del agrado de la mayoría de la población, lo que hizo que fuera blanco de duras críticas por sus opositores, quienes abusaron de la libertad existente y de su tolerancia, llevando sus ataques al ámbito personal y de su familia, aunque él les restó importancia con su carácter flemático y ecuanimidad, demostrando su respeto a la libertad de opinión. Sus medidas, más un alza que se produjo en el precio del azúcar en el mercado mundial, le permitieron rebasar la crisis y conducir al país por el camino del desarrollo.



El Dr. Zayas tuvo que afrontar una situación aún más delicada y peligrosa: las pretensiones del general Enoch H. Crowder, representante del Presidente de los Estados Unidos, de intervenir directamente en el gobierno exigiendo, mediante continuos memorándums y notas, revisar el Tratado de Reciprocidad Comercial, establecer Enmiendas Constitucionales, influir en el Congreso y en el Presupuesto para 1922-23, poner orden en la administración pública, restablecer el crédito nacional, reformar la Lotería Nacional, realizar cambios en el Gabinete, así como otras cuestiones. Ya el general había tratado de ejercer esta pretensión durante el gobierno del general Menocal, pero el mismo había logrado obviarla prácticamente hasta el final de su mandato, donde se inmiscuyó directamente en la elaboración de la nueva Ley Electoral. La actitud prepotente de Crowder le produjo múltiples sinsabores al Presidente, quien era tachado por la oposición de débil y de permitir que Crowder actuara como un procónsul. Ante el peligro de exponer al país a represalias económicas por parte del gobierno de los Estados Unidos, en una situación económica difícil, donde la mayor parte del intercambio comercial se realizaba con este país, el “Chino” Zayas demostró magníficas habilidades diplomáticas, tranquilizando a Crowder y asegurando en la práctica que Cuba rigiera su propio destino. Su carta-respuesta del 23 se abril de 1923 al Memorándum Nro. 15 de Crowder, es un ejemplo: la terminó con las siguientes palabras: “yo soy quien he de gobernar dentro de los principios que tengo manifestados y asumiendo la responsabilidad”.



Un hecho de carácter interno sirvió para demostrar, una vez más, las cualidades persuasivas del Presidente. Una denominada Asociación de Veteranos y Patriotas, que venía sometiendo al Gobierno a duras críticas, exigiéndole honradez administrativa, comenzó a conspirar contra éste, pasando, posteriormente, a organizar un estallido violento en la provincia de Las Villas, donde tenía su mayor fortaleza. El Dr. Zayas, sin ningún tipo de acompañamiento ni despliegue militar, se trasladó al lugar de los hechos para conferenciar con los descontentos, convenciéndolos de reintegrarse a la legalidad, resolviendo la situación sin derramamiento de sangre. A su haber también corresponde el logro de la ratificación del Tratado Hay-Quesada, después de 20 años de haber sido firmado en 1904, pero que no había sido ratificado, el cual reconocía la soberanía de Cuba sobre la Isla de Pinos, cuestión que había quedado pendiente en el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos firmado en 1903.



Durante su gobierno, la enseñanza pública recibió un gran impulso, existiendo 3316 escuelas con 6023 aulas y 5970 maestros, donde estudiaban 272,892 alumnos, de los cuales 201,040 (73,9%) eran blancos y 70,952 (26,1%) negros y mestizos. Debe tenerse en cuenta que la población blanca constituía, según el Censo de 1919, el 72,2% y la negra y mestiza el 27,5%. De 5 a 14 años -la edad escolar-, eran blancos el 79,2% y negros y mestizos el 20,8%, por lo cual los por cientos de blancos y negros como alumnos eran bastante equilibrados. Existían además 87 zonas de enseñanza ambulante con 83 maestros, que atendían 186 núcleos escolares. A esto se sumaba la existencia de 527 escuelas privadas con 1309 aulas.



En su periodo presidencial se produjeron también otros hechos importantes, como fueron: la firma del Decreto para la repatriación de los braceros antillanos, al no ser ya necesario su trabajo en la cosecha cañera y, al carecer del mismo, deambular por pueblos y ciudades creando tensiones sociales, del 20 de julio de 1921; la Ley declarando festivo el día 28 de enero, natalicio de José Martí, del 27 de abril de 1922; la Ley de la lotería del 4 de agosto de 1923; la Ley de los ferrocarriles del 9 de octubre de 1923; la Ley de pensiones y jubilaciones para empleados y obreros de los ferrocarriles y tranvías del 9 de octubre de 1923; la Ley creando la Comisión de Inteligencia Obrera (Tribunales de Trabajo); la Ley sobre la trata de blancas y el nuevo reglamento de inmigración del 18 de marzo de 1925, con el objetivo de impedir la primera y regular la segunda y la Ley de la concesión eléctrica, que declaraba de interés nacional la instalación de plantas para su generación. En estos años también se produjo la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria en diciembre de 1922, el escándalo de la compra del antiguo Convento de Santa Clara el 13 de marzo de 1923, que desató la conocida Protesta de los Trece el 19 de ese mismo mes y año, la fundación de la Agrupación Comunista de La Habana el 18 de marzo de 1923, conocida como “la agrupación de los cuatro gatos”, debido a su pobre membresía, ya que seis meses después de creada sólo tenía 19 miembros, así como la realización del Primer Congreso Nacional de Mujeres en abril y el de Estudiantes en octubre de mismo año.



Si algo caracterizó la gestión presidencial del Dr. Alfredo Zayas, fue su irrestricto respeto a la libertad de pensamiento. Durante su mandato sus opositores podían expresar todas las críticas y acusaciones que quisieran contra el Gobierno y su persona, sin que fueran reprimidos de ninguna forma, algo que, desafortunadamente, no ha constituido práctica habitual en nuestro país. En estos años Cuba disfrutó de tranquilidad social y política, lo cual le permitió retomar el camino del desarrollo, una vez superada la crisis económica.



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