Translate a Post

No translation yet

Show Translating Help Box

Spanish post from El Blog de Dimas by Dimas Castellano

A 59 años de Revolución, Cuba sin ciudadanos

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1514637570_35650.html



El próximo primero de enero, junto al año dieciocho del siglo XXI, los cubanos arribaremos a los 59 años del triunfo de la Revolución.



Una revolución que se proponga liberar a los hombres sin plantearse la necesidad de los espacios públicos que permitan el ejercicio de la libertad, sólo puede llevar a la liberación de los individuos de una dependencia para conducirlos a otra, quizás más férrea que la anterior1. Ese juicio de Hanna Arendt corrobora el resultado del proceso revolucionario cubano de 1959.



En casi seis décadas -un lapso de tiempo mayor que el duró la República nacida en 1902- el modelo político y económico implantado sumergió a Cuba en la más prolongada y profunda crisis de su historia.



La inviabilidad del modelo mancomunado con la falta de voluntad política para modificarlo hizo que las manifestaciones parciales de crisis, agudizadas en el tiempo, abarcaran uno tras otro todos los componentes de la sociedad cubana.



El filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, alertaba que los mayores peligros que hoy amenazan a la civilización son la estatificación de la vida, el Intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Ese pensamiento explica la tesis de Benito Mussolini: Todo por el Estado; nada contra el Estado”2



Tanto las sociedades como los modelos son perfectibles. Al confundirlos como punto de remate del desarrollo comienza la marcha hacia su estancamiento y se utiliza una determinada ideología como mecanismo de freno para legitimar al resultado y al liderazgo que lo encabeza con el fin de detener lo indetenible; una expresión de esa ideología es la absurda y repetida afirmación de que Cuba ya cambió en 1959.



La causas principales de la involución sufrida están en el giro hacia el comunismo de la revolución de 1959, en el contexto de la Guerra Fría y el diferendo con Estados Unidos, que sirvieron de telón de fondo para desmantelar la sociedad civil y estatizar la propiedad.



El desmontaje de asociaciones, instituciones y espacios cívicos en Cuba abarcó desde el reemplazo de la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano3 hasta la llamada “Ofensiva Revolucionaria” de 1968 que liquidó los restos de propiedad privada sobrevivientes, pasando por la eliminación y/o sometimiento de las asociaciones existentes y estatizando los medios de producción y comunicación.



El modelo implantado, ajeno a la naturaleza humana, asumió un control absoluto de la sociedad y creó un sistema centralizado de distribución de bienes y servicios primarios -gratuitos o subvencionados- a cambio de las libertades y derechos.



La existencia y funcionamiento de tal modelo requiere de un aparato productivo eficiente, algo imposible en una sociedad sometida a una ideología y enajenada de la participación política y de la gestión económica, de ahí el gran fracaso.



Con el poder concentrado en el líder, la propiedad en el Estado y la institucionalidad desmontada, se generó una ineficiencia que permaneció solapada hasta la desaparición del padrino del modelo: la Unión Soviética. Después, con el Coronel Hugo Chávez apareció el padrino sustituto, pero la ineficiencia económica continuó su curso y se manifestó en la pérdida de relación entre salario y costo de la vida, el desinterés, el crecimiento de actividades al margen de la ley, la desesperanza y el éxodo masivo.



En ese punto crítico, el General Raúl Castro, al asumir la dirección del Estado inició un paquete de reformas, tardías y limitadas con el fin de lograr una agricultura fuerte y eficiente, sustituir importaciones, atraer inversiones extranjeras, detener las ilegalidades y desinflar las plantillas laborales mediante el trabajo por cuenta propia. Sin embargo, cuando una sociedad sufre daños en todos sus componentes, la sanación resulta imposible con cambios parciales.



Las reformas, convertidas en abril de 2011, en los Lineamientos de la Política Económica y Social, se limitaron a cambios en determinados aspectos de la economía, pero sin reconoce el derecho de los cubanos a ser empresarios en su propio país. Luego, como punto de remate, en la Primera Conferencia del Partido Comunista en enero de 2012, se revitalizó la política expuesta por Fidel Castro en 1961: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.



El traslado de poder dentro de la misma fuerza que condujo al fracaso determinó el orden, la profundidad, la dirección y la velocidad de los cambios, lo que inutilizó el proyecto y en su lugar quedó demostrado que la eficacia para conservar el poder era intransferible al desarrollo social. Desde entonces el empeoramiento y la desesperanza marchan a un ritmo superior a los cambios.



Hoy el declive continúa: la producción agropecuaria es insuficiente; los planes de azúcar se incumplen; la disminución de importaciones siendo sigue siendo asignatura pendiente; las inversiones extranjeras no logran la magnitud requerida; la relación entre salario y costo de la vida empeora; la corrupción sigue su inexorable rumbo; las limitaciones impuestas al trabajo por cuenta propia y a las “cooperativas” creadas por el Estado han impedido su despegue y él éxodo resulta indetenible.



Cuba necesita de una reforma estructural, desde la economía hasta la espiritualidad. Pero en una sociedad huérfana de libertades, espacios y cultura de derechos, aunque el punto de partida sea la economía porque su solución es más sencilla, la visión de los cambios tiene incluir el restablecimiento de las libertades ciudadanas y la sustitución de la primacía otorgada a la ideología por la primacía del ser humano. Y como el modelo más eficaz es aquel que propicie un crecimiento sostenido y la elevación del nivel de vida de sus habitantes, se impone la institucionalización de las diversas formas de propiedad y la erradicación de las ataduras políticas e ideológicas que lo impiden.



Para ello, el principal obstáculo es que el sujeto de la reforma ha sido el mismo que implantó el modelo causante de la crisis y en la ausencia del ciudadano y de una sociedad civil autónoma. A las elevadas edades de los dirigentes se añaden los intereses contraídos en las casi seis décadas de poder ininterrumpido, lo que los ha conducido a una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo, lo que explica la ausencia de voluntad política para sustituirlo.



Las reformas implementadas, para que sean irreversibles tienen que ser reformadas y de forma profunda. Para ello resulta ineludible la restitución de las libertades ciudadanas, la inserción definitiva de los derechos humanos y su incorporación cultural y ética como base de la participación. Para ello, las libertades de conciencia, información, expresión, reunión, asociación, sufragio y habeas corpus, conocidas como libertades fundamentales, constituyen la base de la comunicación, del intercambio de opiniones, de concertación de conductas y de toma de decisiones,



Si de la primera generación de derechos -los civiles y políticos- emerge la diversidad de asociaciones que conforman la sociedad civil; de la segunda generación -los económicos, sociales y culturales, donde se incluye el derecho a la propiedad- depende el funcionamiento, autonomía, vitalidad y desarrollo social; mientras de la -tercera generación -depende la sobrevivencia del planeta y de la especia humana. Las tres y las siguientes generaciones de derechos, conjuntamente, garantizan el valor de la persona y la dignidad humanas, sirven de contención al ejercicio del poder frente a los ciudadanos y fortalecen la participación ciudadana, incluyendo la política.



El rasgo más característico de la sociedad civil –asociaciones, espacios públicos, medios de comunicación y propiedades- es la independencia respecto al Estado- y tiene, entre sus funciones, participar en la política. Estado y Gobierno son pues, un aspecto de la política pero no el todo, pues esta esfera incluye a los ciudadanos, algo que desde antes de nuestra era, Aristóteles4 condensó en la frase: todos somos por naturaleza entes políticos.



Como la especificidad de la política es ser vehículo para transitar de lo deseado a lo posible y de lo posible a lo real, su función rebasa el ámbito del Estado para incluir a la sociedad civil. Ambos, sociedad civil y Estado son componentes del mismo cuerpo: de la sociedad. Por lo tanto su existencia no puede discutirse, lo discutible son las funciones que le corresponden a cada parte. Por esa razón los derechos humanos tienen que ser refrendados en las leyes, sin lo cual es imposible la participación ciudadana de forma efectiva, como Cuba lo ha demostrado.



Los derechos humanos constituye un valioso referente en la lucha de los pueblos y los individuos por su realización, cuyo valor está recogido en la Declaración adoptada en Viena, en junio de 1993, por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, que los califica como universales, indivisibles e interdependientes. De igual forma el ámbito de la política, entendida como relación entre personas o Estados para la colaboración y solución de problemas, no es coto privado de los políticos profesionales, es una actividad natural del ser humano. En ese sentido el Estado y los gobiernos son aspectos de la política, pero no el todo.



De la irrupción de los pueblos en la política emerge la política ciudadana; una forma diferente, pero legítima de participar en el destino de sus comunidades y/o naciones. Con ella la política se convierte en verdadera actividad pública de personas que deciden dejar de ser sólo electores para devenir ciudadanos. Cuando las personas asumen esa responsabilidad aumenta la sensación de que los cambios son posibles, de que nadie en su lugar va a mejorar las cosas, que ellas son parte del problema y de su solución.



El aferramiento a la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de libertades constituyen el primer obstáculo para superar la crisis. Por eso la necesidad de reformas en cuba se puede lentificar, pero no detener, porque constituyen una necesidad estructural y vital del país.



Por todo ello, el Gobierno que asumirá la dirección en febrero de 2008, o el que le suceda, si no quiere seguir empujando a la sociedad cubana al abismo y cargar esa responsabilidad histórica, tendrá que ratificar los pactos internacionales de carácter vinculante, que se firmaron desde el año 2008, que están pendientes de ratificación y ajustar la legislación cubana a los mismos, para que de ahí germine la sociedad civil verdadera y el ciudadano, hoy ausentes en Cuba.



La Habana, 20 de diciembre de 2017



1 Schmitt, Carl y Hannah Arendt. Consenso y conflicto; la definición de lo político. Colombia, Editorial de la Universidad de Antioquia, 2002, p. 147



2 José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. El País. Clásicos del siglo XX. Madrid. 2002, p 166



3 Estatutos, sin consulta popular ,que rigieron desde febrero de 1959 hasta la promulgación de la Constitución de 1976.



4 Aristóteles (384-322 a.C.), filósofo destacado de la antigüedad griega que fue alumno de Platón.



—————



————————————————————



—————



————————————————————



3



If you would like to sign your translation, add your name to the others (if any) in the box below. Please make sure it says: "Translated by:" in front of the names

Check this box if you want other people to HELP FINISH this translation, or SOLVE PROBLEMS in it.

  Type what you see in the image (without spaces) 

Spanish post from El Blog de Dimas by Dimas Castellano