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Spanish post from 14yMedio by 14yMedio

Las tiendas en MLC en su laberinto

Elías Amor Bravo, Economist, 7 July 2021 -- Se suele afirmar que las tiendas en moneda libremente convertible MLC surgieron ante la necesidad del régimen de disponer de divisas, provocada por la combinación de una serie de factores externos e internos. Sin embargo, hay otra perspectiva que no conviene olvidar. Estas tiendas surgieron porque cuentan con una demanda en expansión, que tiene su origen en la escasez y falta de suministro de las tiendas estatales racionadas. Si estos establecimientos tuvieran surtido y variedad y permitieran la libre elección de bienes, la gente no tendría que recurrir a las tiendas en MLC y comprarían lo necesario pagando con la moneda de curso legal, el peso cubano.



El régimen observando esta anomalía, generada por el propio modelo económico y social, y trata de sacar tajada manteniendo un segmento comercial protegido en el que puede vender bienes y servicios con márgenes muy elevados. Y después existe otro aspecto que conviene tener en cuenta, ya que conforme las tiendas que vendían sus productos en CUC dejaban de hacerlo por los problemas de suministro asociados a la disponibilidad de divisas, surgió la necesidad de introducir este nuevo mecanismo para drenar moneda fuerte a las arcas del estado.



El diseño de las tiendas en MLC estaba basado en la experiencia de las tiendas en CUC, que entraron en declive por decisión del régimen. Y fue justificado por las autoridades como una solución temporal que volvería a la normalidad tan pronto como desaparecieran las circunstancias de la escasez. La razón más citada era la misma: hay una serie de productos y servicios que tienen un alto coste en términos de importación y mientras que no se sustituye la producción extranjera por nacional, no queda otro remedio que implementar las transacciones en moneda convertible. Con esta decisión, el régimen volvía a mostrar el absoluto desajuste de la economía cubana con el exterior y la ausencia de un mecanismo de cambios sostenible como los que existen en otros países. El dólar, o la MLC pasaban a sustituir al depreciado CUC que cada vez era menos aceptado por la población.



Por ello, cuando se anunció la Tarea Ordenamiento y la unificación monetaria, ya existía una plataforma comercial para dar continuidad a la extracción de divisas que se venía haciendo con el CUC. Desaparecía la moneda instrumental creada por Fidel Castro para evitar la dolarización de la economía cubana a comienzos de los años 90, pero el dólar volvía a aparecer en una parte muy destacada del sector comercial, con los efectos ya conocidos.



El régimen ideó, por otra parte, un mecanismo perverso para desarrollar la acción comercial en las tiendas en MLC. En la medida que no se aceptaba el dólar o los euros como pago en efectivo, se decidió emitir unas tarjetas de débito por una serie de bancos estatales colaboradores, que se encontraban referidas a un depósito en dólares o MLC que debía servir como respaldo a las compras en las tiendas. Sin ese depósito de valor, la tarjeta no permitía las compras.



Por lo tanto, se hacía necesaria la recarga periódica del depósito bancario que respaldaba la tarjeta si se quería seguir realizando compras en las tiendas en MLC. Al igual que en tiempos del CUC, las familias con residentes en el exterior tenían más facilidad para disfrutar de la generosa dotación de productos en las tiendas, mientras que aquellos que solo percibían sus remuneraciones en moneda nacional tenían que acudir a los bancos o cadecas para obtener dólares y poder abrir las cuentas.



La presión de la demanda de dólares no solo los agotó en el canal oficial, al cambio de la Tarea Ordenamiento de 1x24 que pronto se vio que era insostenible, sino que en los mercados informales la cotización del dólar se disparó al entorno de los 70-80 pesos en una secuencia exponencial que alarmó a las autoridades.



La experiencia de las tiendas en MLC ha venido a confirmar su consolidación y expansión a una serie de productos y servicios de manufactura nacional, sobre todo para los trabajadores por cuenta propia y los arrendatarios de tierras. De forma inconcebible para cualquier país del mundo, en Cuba, una serie de productos fabricados en actividades nacionales se están vendiendo en las tiendas en MLC en divisas, lo que ha generado no pocas protestas de la población, al cuestionar el papel que desempeña el peso cubano en este caso.



Esto quiere decir que el régimen utiliza las tiendas en MLC no solo para detraer divisas de los receptores de remesas, sino para obtener igualmente las que gestionan los agentes privados en sus respectivos negocios. La tela de araña se va haciendo cada vez más grande, sin que nadie tome en consideración los efectos negativos que esto puede suponer para la economía nacional.



Se ha podido observar esta dependencia de la población de las tiendas en MLC tras las recientes prohibiciones a ingresar dólares en efectivo en las cuentas bancarias. Se rompe así el mecanismo que muchas personas utilizaban para dedicar una parte de las remesas recibidas para incrementar el saldo de las cuentas y disponer de algo de dinero en las tarjetas para atender alguna necesidad.



El régimen pretende que solo puedan aumentar los saldos por medio de transferencias bancarias que suelen ser costosas, sobre todo las internacionales. El dinero seguirá llegando, pero lo hará por vías informales, y como las necesidades seguirán estando insatisfechas, se tendrá que recurrir al mercado informal para comprar los bienes que antes se adquirían en las tiendas en MLC, lo que aumentará el negocio de las mulas, tan pronto como se autoricen los viajes al extranjero.



Las tiendas en MLC han sido un éxito. Para los consumidores con acceso a divisas, les permiten satisfacer necesidades que en las tiendas estatales son imposibles con los actuales niveles de racionamiento. Los agentes económicos privados pueden contar con numerosos insumos y materiales, eso sí, a unos precios muy elevados, pero al menos pueden asegurar sus procesos productivos. Para el régimen, la recaudación tiene que ser muy importante, y las referencias recientes relativas a que no pueden reponer los stocks de las tiendas no se pueden entender, teniendo en cuenta los márgenes muy elevados que aplican a los precios de venta, en una gestión económica muy simple. 



Entonces ¿Quién sale perdiendo de este negocio? La respuesta parece sencilla: la inmensa mayoría de cubanos sin acceso a divisas o MLC. Para ellos, la resignación es la nota común, y solo cuando pueden reunir unos ahorros, realizar alguna compra en los mercados informales o beneficiarse de algún colero que les vende un turno adelantado en la cola. Este es el problema de las tiendas en MLC, que son una fuente de desigualdades sociales en el paraíso colectivista de los Castro, y eso no puede durar de forma indefinida. La pregunta es, ¿hasta cuándo?



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