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Spanish post from Ciudadano Cero by Jeovany Jimenez Vega

A propósito de la entrevista de Ian Padrón a Israel Rojas.





El de Israel Rojas, líder de Buena Fe, es un caso curioso y digno de estudio. Abogado de profesión, debe conocer todas las leyes que en la Cuba del castrismo se oponen por esencia a la diversidad de opinión, al ejercicio del libre criterio, de la libertad de reunión y de asociación, así como todas las triquiñuelas diseñadas por el Partido Comunista para eternizarse como el único legal vetando al resto de las organizaciones opositoras, aunque en entrevista con Ian Padrón se confiese un defensor de la libertad de pensamiento sólo para acto seguido aplaudir a los inquisidores. También conoce, por supuesto, otros ardides del castrismo, como la “peligrosidad predelictiva”, aberración creada por el régimen para amedrentar o detener sin cargos a ciudadanos incómodos mientras se pasa por el forro la presunción de inocencia.



Nuestro chico listo sabe también que el vigente Código Civil consagra sobre papel mojado nuestro derecho a la integridad física y a nuestra seguridad personal y familiar, así como nuestro derecho a la intimidad y a la inviolabilidad de la correspondencia personal y de nuestra vivienda, en tanto el Código Penal establece como delitos la agresión contra las personas y el allanamiento de domicilio, sin embargo a Israel igual le consta que la policía política se caga en todo y perpetra allanamientos, espía sistemáticamente las conversaciones telefónicas e intercepta los correos convencionales, y que el dueto Partido Comunista/Seguridad del Estado perpetra los célebres mítines de repudio donde se apalea opositores con impunidad sin que nada tome curso legal gracias a un sistema judicial políticamente parcializado.



En fin, que Israel, joven leguleyo formado en las flamantes filas del MININT, sabe todo esto e incluso más de lo que reconoce saber; comprende a las claras que estas son prácticas dictatoriales y sin embargo, paradójicamente, repite como papagayo las mismas consignas de Fidel Castro y como él achaca todos los males cubanos al embargo norteamericano.



Pues ayer, para no faltar a su costumbre, habló mierda hasta por los codos, pero entre tantísimas escojo una: en su perorata aseguraba que si EE.UU. retira el embargo al gobierno cubano le bastarían “sólo ¡10 años!” para desarrollar Cuba. Sin embargo, aquí le aclararía yo a Israel que 10 años son un incomprensible derroche, que esa es una inaceptable eternidad cuando se habla de un país en ruinas, por lo que le apostaría yo a sólo 10 días para intentar lo mismo.



Ni siquiera 10 meses, Israel, ¡sólo 10 días! Aquí propongo un plan de intervención, por el que votaría yo si se le permitiera a un opositor cubano ejercer un hipotético gobierno durante 10 días:



    Disolución inmediata del actual Partido Comunista de Cuba: Paso esencial porque siempre ha sido la columna vertebral del régimen y el diseñador principal de todas nuestras vejaciones. Desde ese momento los comunistas cubanos, haciendo uso de la libertad de asociación que hoy mismo nos niega, podrían fundar una nueva organización con plenos derechos de medirse en igualdad de condiciones en elecciones libres y democráticas con el resto de los partidos políticos.



    Disolución de los actuales Órganos de la Seguridad del Estado: También un paso esencial para desarticular el aparato represivo que durante más de seis décadas fue la principal herramienta que articuló y perpetró el terrorismo de Estado.



    Remoción y licenciamiento de todos los altos mandos del ejército cubano: Necesario por la lealtad mantenida durante décadas por los más altos oficiales de la cadena de mando a los culpables históricos de la dictadura.



    Destitución de los todos los altos cargos dirigentes de los actuales poderes legislativo, ejecutivo y judicial: Medida necesaria por la doblez demostrada en su gestión durante varias décadas de lealtad al régimen castrista y por su condicionamiento al actual esquema de poder regido por la no división de poderes.



    Revocación por decreto presidencial –hasta la aprobación definitiva de leyes sustitutivas en Asamblea Constituyente– de todas las leyes y decretos actuales opuestos a los derechos a la libre opinión, reunión y asociación: Implicaría la inmediata ratificación –con poder vinculante a las leyes cubanas mantenidas o aprobadas bajo el nuevo gobierno– de los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, así como los Económicos, Sociales y Culturales nunca ratificados por la dictadura.



    Derogación de todas las leyes que actualmente anquilosan las fuerzas productivas, emitiendo nuevas regulaciones que protejan los sectores productivos y de servicios (incluida la eliminación del actual sistema estatal de acopio): Se priorizarían las medidas que estimulen y agilicen la producción del sector agrario y ganadero, estableciendo mecanismos que garanticen una mayor eficiencia y los mayores rendimientos productivos a corto plazo.



    Establecimiento de leyes que garanticen en lo adelante una libre gestión de las pymes y del resto de pequeñas y medianas empresa privadas: Se liberaría el otorgamiento de licencias acompañadas de leyes que favorezcan su gestión, así como se fomentaría la creación de mercados mayoristas sujetos a todos los modelos de contratación. Se propondría mantener los sectores más estratégicos –por ejemplo las industrias energética, metalúrgica, minera, azucarera, turística y de telecomunicaciones– en poder, o al menos con participación mayoritaria del Estado, sin que ello implique necesariamente una prohibición de su gestión privada.



    Restablecer de inmediato el derecho de la emigración cubana y sus descendientes directos a invertir en Cuba: Ofreciendo condiciones arancelarias ventajosas sobre el resto de los inversores extranjeros, y se dispondrían nuevas regulaciones dirigidas a restablecer la confianza de la comunidad internacional en el futuro mercado cubano hasta convertirlo en un destino atractivo para el capital foráneo, todo lo cual quedará legislado de modo que se favorezca la autonomía y diversificación económica evitando comprometer la soberanía nacional.



    Derogar la actual Ley No. 1312 (Ley de Migración) que viola el derecho a la libre entrada y salida de los ciudadanos cubanos a su propio país: Desde entonces quedaría claramente dispuesto el carácter inalienable de este derecho y se establecería como punible cualquier hecho que le sea lesivo.



    Establecer un nuevo esquema de impuestos progresivos sobre las ganancias: Dispuesto por ley con carácter obligatorio, universal y equitativo sobre los beneficios, de modo que poco a poco se contribuya al restablecimiento viable de presupuestos sociales sostenibles.



    Mantener la Salud pública y el Sistema Nacional de Educación bajo gestión del Estado Cubano, que asumiría ambos como su máxima responsabilidad ante la sociedad que regenta: Ambos sistemas serán financiados mediante un Sistema Nacional de Seguridad Social solventado con la tributación de todos los ciudadanos a ello obligados según la ley; ambos serán universales y libres de cualquier condicionamiento de carácter político, religioso o de otra índole que en cualquier modo se aparte de su función social. Esto no implicaría ninguna prohibición al ejercicio de la Medicina o la Educación privadas –sujetas a modelos de gestión según acuerdos gremiales– ni se emitiría ninguna ley que en modo alguno coarte el natural derecho de los padres a elegir libremente la educación de sus hijos.



    Conformar una Asamblea Legislativa y convocar a elecciones generales con todas las garantías de transparencia: Asamblea que mantendría las leyes que considere útiles y derogaría definitivamente las que considere nocivas al futuro de la nación cubana, de modo que se garantice una efectiva división entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Elecciones directas, libres y plurales, regidas según el principio de un(a) ciudadano(a)/un voto, tras las cuales quedaría conformado un nuevo gobierno auténticamente elegido por el pueblo que iniciaría el impostergable camino de la reconstrucción nacional.



    Israel: Si tenemos que soportar 10 años más esta calamidad mejor apagamos la luz y nos vamos porque para entonces no quedaría en Cuba ni una cepa de plátano. Pero como podrás comprobar, bastaría implementar los primeros cinco puntos para que el resto de las propuestas llegara por añadidura –en apenas unos días, y aún sobraría tiempo. Una semana y media que sería prácticamente simbólica, pero que bastaría para dejar trazado el camino hasta cobrar carácter irreversible, porque en cuanto mi pueblo saboree las mieles de la libertad jamás volverá sobre sus pasos.



    Guajiro, debes comprender de una vez que la esencia de todos los males cubanos no tiene su génesis y perpetuación en ningún embargo extranjero sino en la histórica traición de Fidel Castro, cuando hace más de 60 años se cagó en todo lo que este pueblo soñó, y por lo que luchó y murió mucho hombre consecuente, sólo para que después una casta de vejetes atornillados al poder nos jodiera la vida a generaciones enteras de cubanos y encima testaferros como tú vengan a hacerse los tontos.



    Y es que simplemente no comprendo; algo en mí se resiste a creer que el mismo cerebro pueda engendrar semejante belleza y tanta mierda a la vez. Imposible que un talento tan soberbio como el que destilas en tus canciones no te dote además del mínimo sentido común necesario para advertir el desastre en que nos hundió la más pérfida dictadura de este hemisferio. Tenía contigo, Israel –como con el genio insondable de Silvio Rodríguez– un serio conflicto de conciencia, pero ya he dejado de torturarme; elegí no ceder al chantaje emocional y aprendí, de un tiempo a esta fecha, a separar al hombre de la obra como quien separa el grano de la paja –después de todo soy hetero y no ando buscando novios.



    He comprendido al fin que el talento y la rectitud moral no necesariamente van de la mano. Ya no me flagelaré porque los dos autores que más admiro en el mundo sean tan mediocres y obtusos –o simplemente oportunistas, o cobardes, no sé– como seres humanos. Se me antoja inconcebible que salgas a la calle y no adviertas el dolor en que está sumido mi pueblo, ni me creo que el elevadísimo sentido de observación y capacidad de síntesis necesarios para creaciones de ese vuelo –ante los que vuelvo una y otra vez derrotado– no te alcancen para pillarte el grado de crueldad de semejante engendro.



    ¿Seguiré escuchando a Buena Fe? Sí, absolutamente, como a Silvio –no puedo sustraerme a tan subyugante belleza– pero ¿volvería a asistir a sus conciertos? Ya eso lo dudo mucho, con toda sinceridad, creo que no, aunque sí le agradezco a Ian Padrón por develar al verdadero hipócrita, o al pendejo, o al simulador –porque algo de eso serás– pero con tus conciertos ya no perderé mi tiempo chama; tendrían que quitar a este Israel de la escena, porque si está, no sé, yo no puedo entrar… al menos mientras no voltee en serio el catalejo.



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