Acabo de recibir tu mensaje sobre la insólita aparición de Pavón en la tv
nacional días pasados, de la cual vi el anuncio, el cual no me permití
injustificadamente molestarme en ver por la repulsion que tengo hacia el
personaje. Él acostumbra a salir como los muertos fantasmales de vez en
cuando, en lugares importantes para después desaparecer.
Hace unos años apareció por los pasillos de la uneac y yo le hice saber
a Aurora Bosch que entonces era presidente de la Sseccion de Danza que
no contara con mi presencia por allá mientras esa personaje pisara las
losetas de la uneac.
Pasado un tiempo que he olvidado ahora, ella me hizo saber que ya él
había desaparecido y que podía devolver mi presencia a la institución.
No me ocupé de buscar el programa en que debía aparecer el personaje
inconscientemente parece que rechazando la posibilidad que ahora tú
haces patente de que "un revival" pueda ocurrir al tambien aparecer el
bien olvidado Serguera, compinche del colosal descalabro cultural de los
70. Solamente queda por aparecer aquel, cuyo nombre he olvidado, tomó
las riendas de las artes escénicas en aquella triste oportunidad y que
barrió con el movimiento teatral surgido a la sombra de la revolución.
La danza bien sufrió el descalabro al hacerme desaparecer, aunque
insólitamente, creo que yo fui uno de los pocos que mantuvo un sueldo
que debía ir a cobrar a una bolsa fantasmal que se creó y se mantuvo
viva por varios años en lugares también fantasmales del área del Consejo
Nacional de Cultura.
Nombres importantes del movimiento teatral fueron "parametradamente"
enviados al Ministerio del Trabajo, donde solo encontraron el bacheo de
calle y el sepultureo en el cementerio como opciones de trabajo.
El teatro guiñol fue inmisericordemente desvastado y sus hermosos
muñecos fueron enviados al Cayo Cruz de la basura, que aun existía en la
bahía. y los Camejos perseguidos de forma especial, borrados de la
cultura nacional.
Mientras, fue suspendido el Decálogo del Apocalipsis, obra mía que debía
de estrenarse según invitación impresa en bello rojo vivo con fecha para
el 15 de abril de 1971 después de un trabajo arduo de un año y un enorme
gasto de vestuario y escenografita y que debió marcar un hito importante
en el desarrollo de la danza contemporánea en Cuba, y cuya falta han
lamentado las generaciones surgidas después de mí en esa área por los
graduados de las escuelas de arte, quienes perdieron las referencias
danzarias promovidas por mí en 12 años y que marcaron el desarrollo
exitoso de un movimiento de danza enraizados en una identidad nacional
pero bien informados de las vanguardias de la época.
Mucho se ha escrito sobre ese fenómeno por los coreógrafos que me
siguieron, especialmente Marianela Boan, heredera de mi quehacer
creativo con su grupo Danzabierta.
Lo que has dicho en el mensaje que he recibido me ha abierto los ojos
ante un peligro que parece estar fundamentado en estos días de posibles
cambios en los rumbos de la política cultural del país al aparecer esos
fantasmas del pasado que quieren volver en búsqueda de nuevos lauros en
oportunista situación.
El hecho que la tv nacional los saque de la sepultura del olvido puede
anunciar una nueva tempestad.
Ramiro Guerra
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