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Spanish post from Ciudadano Cero by Jeovany Jimenez Vega

Fin de la dualidad monetaria en Cuba llega en un dos por tres.





Hace unos días el gobierno de Díaz-Canel nos pasó por debajo de la mesa una solaz sorpresa de verano: por fin, después de múltiples postergaciones nos llegaba el tan ansiado fin de la dualidad monetaria, y como para que no nos quejemos, en efecto, en nuestro país no circularán ya más DOS monedas (nacionales) si no que desde ahora ¡nuevamente usaremos TRES!… Por supuesto que la primera reacción de todo cubano que haya vivido en la isla durante los últimos 25 años debió oscilar entre el estupor y la incredulidad, sólo hasta comprobar que no se trataba de una jodedera del delfín tardocastrista, ni de ningún chiste de mal gusto, no, después de buscar en vano la cámara oculta habrá comprobado que nuestro flamante “presidente” hablaba absolutamente en serio.



La estupefacción se comprende cuando se recuerda que hace décadas Fidel Castro, el rufián que implementó la estafa del CUC, hablaba ya de eliminar la dualidad monetaria estando en funciones, que el peliagudo tema también fue un pendiente que figuró en el slogan programático de Raúl Castro sólo para postergarlo durante toda su gestión, y que el régimen de La Habana ha mantenido esta aberración como su gran asignatura pendiente hasta el sol de hoy porque su último administrador hasta ahora no ha hecho más que imitar a los mentores que le dejaron la papa caliente.



En lugar de fomentar de forma ordenada y progresiva las condiciones y mecanismos necesarios para enmendar esta nociva situación, el gobierno de Díaz-Canel sorprende a todos con un nuevo libretazo, rechina gomas en sentido opuesto, y en un evidente retroceso hace diametralmente lo contrario a lo esperado, a todo cuanto había anunciado y reconocido como primer paso imprescindible para sanear las finanzas y reorganizar el caos económico imperante para al menos recuperar alguna milésima de su nula credibilidad.



Otra vez lo real-maravilloso del régimen castrista hace gala de una de sus más sorprendentes facetas: su alucinante capacidad de decir algo y hacer justo lo contrario ante nuestras narices sin el menor sonrojo y, como siempre, asegurar que su decisión redundará al final en bien de todos. ¡Diera risa si no fuera un asunto tan serio! Porque si en algo han destacado los chicos de la Plaza es en su proverbial talento para el cinismo. Exactamente eso mismo le escuchábamos decir a Fidel Castro cuando se daba golpes de pecho por la libertad de los pobres del mundo en cuanto podio hablaba mientras aquí dentro nos machucaba los cojones, nos prohibía viajar, nos humillaba en la puerta de las diplotiendas y de todos los hoteles cubanos, y a la vez aseguraba que los beneficios de aquel “sacrificio necesario” redundarían en un bienestar común que nunca llegaba.



Lo que sí llegó junto con los apagones del Período especial fue la dualidad monetaria, pero esta sí para quedarse. En lo particular no conozco ningún otro caso de algún país que haya utilizado a la vez dos monedas nacionales, aunque sí muchos casos donde han circulado junto a una moneda nacional otra extranjera -por no ir más lejos baste recordar el ejemplo de la Cuba prerevolucionaria, donde circularon indistintamente el peso y el dólar estadounidense- pero en ningún otro caso se ha tratado de dos monedas nacionales, como hasta hoy ha sido el caso en Cuba del actual peso y el CUC.



Esta, sin duda, fue una de las estafas más desvergonzadas de Fidel Castro, que muchísimas perpetró contra el pueblo cubano. Durante más de 25 años en Cuba se nos ha estado pagando un miserable salario en una moneda nacional (el CUP) y se nos ha cobrado en la tienda con otra también nacional (el CUC) que han mantenido una relación cambiaria por lo general arbitraria (actualmente 25/1 según conversión en CADECA), artilugio que ha garantizado al régimen de La Habana que remesas del rango de los cientos de miles de millones, en USD, euros u otras divisas, hayan ingresado directamente a sus arcas mientras se les ha entregado el CUC (papel sin ningún respaldo e inutilizable fuera de la isla) a los familiares en Cuba.



Pues bien, a partir de ahora ambas monedas nacionales (tanto el avergonzado CUP como el devaluado CUC) tendrán que volver a cohabitar con los sucios dólares del imperio, los mismos contra los que despotricó en sus discursos incendiarios Fidel Castro durante sus históricos delirios. Pero no será así por mucho tiempo pues ya el inservible CUC tiene sus días contados. En medio de una calamitosa crisis económica -peor para muchos, si se quiere, que la de los 90- el CUC hace meses se bate en retirada estableciendo constantes récords de devaluación y hoy se cotiza en la calle alrededor de 1.20 CUC por dólar. Mientras tanto, hasta hace apenas unos días -antes de ser retirado el gravamen al dólar estadounidense- CADECA insistía en el canje a 0.87 CUC por dólar evidenciando su divorcio con la realidad.



Es muy llamativo, sin embargo, que sólo ahora La Habana decida retirar este ominoso gravámen del 10% al USD -otro libretazo arbitrario de Fidel Castro- después de haber bravuconeado desde la apertura Obama asegurando que lo haría sólo cuando cesaran las sanciones económicas de EE.UU., algo que no ha sucedido en absoluto, y lo retira justo ahora, cuando el CUC vale cada vez menos -un gravámen que, por cierto, jamás hizo estrago alguno en los bolsillos de Obama, ni de Trump, sino directamente sobre los hogares cubanos.



Aunque si alguien ha habido en esta historia una gran perdedora, esa ha sido la nación cubana -entiéndase el pueblo cubano- cuyo tejido económico ha pagado un incalculable precio debido a la brutal distorsión financiera generada a todos los niveles por esta dualidad monetaria, un fenómeno más acusado, por supuesto, en las empresas que operan en CUC -precisamente las mayores y más estratégicas del país. En las compra-ventas gestionadas en esta moneda a ese nivel deja de fungir la relación CUP/CUC de 25/1 válida para el resto del sistema, e ignorando los principios de la economía pasa a ser de 1/1 por obra y gracia del todopoderoso castrismo. Esta seria distorsión ha devenido en un obstáculo insalvable pues semejante artificio impide cualquier evaluación objetiva, dificulta en extremo el control, obstaculiza y vuelve inoperantes los mecanismos de evaluación contable, lastra la capacidad de pago y desestimula seriamente la productividad de estas empresas.



Debido al caos resultante los índices macroeconómicos aportados por Cuba son ignorados o asumidos con natural escepticismo por los analistas, y aunque esto ha desacreditado cada vez más profundamente a la ya ineficiente Empresa Estatal Socialista, debemos anotar que para reparar este lamentable estado de cosas el régimen castrista la podría tener fácil: todo se podría enmendar si -siempre previa eliminación de esta desastrosa ambivalencia financiera- junto a una efectiva descentralización de la gestión estatal se legalizara y oportunamente se estimulara la gestión de la empresa familiar/privada -otra asignatura pendiente del administrador Díaz-Canel.



¡Ah!, pero en ese caso el castrismo chocaría frontalmente con un problema que hasta hoy le ha resultado infranqueable: el esquema económico que resultaría de implementar los necesarios cambios, acertados, justos y profundos, redundaría inobjetablemente en una mayor prosperidad y autonomía del pueblo cubano, un “riesgo” que la dictadura no puede, bajo ningún concepto, permitirse. No aceptaría jamás el engendro castrista fórmula o cambio alguno si esto puede conducir a un mayor bienestar de mi pueblo, porque esto implicaría mayores dosis de libertad, lo cual más temprano que tarde conduciría a reclamos políticos que luego -por aquella dialéctica marxista que opone a muerte las contradicciones antagónicas- no harían más que radicalizarse y en poco tiempo mi pueblo se sacudiría el yugo que lo tiraniza.



No hay más vuelta de hoja: es así de simple, y así también de simple sería la solución de nuestros problemas. Sólo se interpone entre esa prosperidad y nosotros una dictadura que, cínica y brutal, continúa pasándose los derechos del pueblo cubano por el arco del triunfo.



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