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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

Negro…afrocubano? Mejor cubano.





En Cuba, el negro, junto al “gallego”, al chino, al “polaco”, al criollo y a otros, en menor cantidad, se integró y, juntos, formaron al cubano. Afrocubano o afro-descendiente, como algunos pretenden rebautizarlo, es una copia mala de afroamericano o afronorteamericano, traída del Norte, sin ningún vínculo histórico.



Los negros llegaron a Cuba durante la esclavitud, provenientes de África, donde eran capturados por los propios africanos y vendidos a los mercaderes de esclavos, que los comercializaban por el mundo como fuerza de trabajo. Algunos arribaron de Haití, con sus amos franceses, cuando éstos huyeron de la destrucción y la barbarie de la revolución haitiana, que liquidó esa colonia y desestabilizó al país para siempre. Unos pocos vinieron de Jamaica y de otras islas del Caribe. Todos, a partir de este momento histórico, perdieron sus vínculos con sus países de origen en África. Cuba, desde el fin de la esclavitud en el Siglo XIX, no recibió ningún nuevo negro de África. Durante finales de ese siglo y, durante más de la mitad del Siglo XX, tampoco.



En la década del sesenta del siglo pasado, con el surgimiento de los movimientos de liberación africanos, principalmente negros cubanos fueron escogidos y enviados como combatientes a entrenarlos y engrosar sus filas, bajo el supuesto precepto de que “Cuba tenía una deuda histórica que pagar a África por la esclavitud”, aunque en realidad su envío respondía a intereses geopolíticos en el marco de la “Guerra Fría”. Entre los muchos fracasos, el más sonado fue “el del Ché y su destacamento guerrillero en el Congo”, el cual, poco aceptado por los propios africanos a quienes pretendía ayudar, y limitado en sus acciones militares, tuvo que poner pies en polvorosa, perseguido por las tropas del Congo belga, teniendo que pasar a Tanzania, a través del lago Tanganika, con la ayuda de lanchones de desembarco soviéticos, para evitar ser hecho prisionero o aniquilado. Tiempo después, por iguales intereses, se produjo la participación masiva de cubanos, en este caso blancos y negros, en las “guerras africanas”, patrocinadas por la extinta Unión Soviética, donde ésta aportaba el armamento y la logística, más el entrenamiento y asesoramiento de las tropas locales, y Cuba las denominadas “tropas internacionalistas”.



Tanto en Angola como en Etiopía, los casos más notorios, los negros cubanos que combatieron allí, pronto comprendieron que no tenían nada que ver con los nacionales africanos, pues no los unían ningún vínculo histórico ni familiar y menos aún emotivo, de idiosincrasia, costumbres, tradiciones, cultura, religión ni nada parecido. Lo que hubiera podido existir, había desaparecido en el siglo transcurrido desde la llegada del último negro africano a Cuba hasta ahora. Unos y otros eran perfectos desconocidos.



En Angola, por ejemplo, los mulatos, mejor preparados y educados en Portugal y otros países europeos, discriminaban a los negros, y éstos, peor preparados, los discriminaban a ellos. En Etiopía, los del Norte y Centro, mejor preparados y educados en Inglaterra e Italia, discriminaban a los del Sur, más primitivos, semidesnudos y pidiendo “raid” en las carreteras. En ambos casos, también influía negativamente la proliferación de diferentes etnias, que con sus costumbres y creencias disímiles, dificultaba el logro de una precaria unidad nacional.



Todo esto les era ajeno e incomprensible a la mayoría de los negros cubanos, criados y educados en un país con sentido de nación, aunque su status social, por diversas razones, no fuera igual al de los blancos, representados éstos por “gallegos”, “polacos” americanos y ciudadanos de otros orígenes, incluidos hasta los laboriosos chinos.



En el caso de los jóvenes africanos, trasladados por miles para estudiar en Cuba, la mayoría fueron ubicados en escuelas especiales creadas para ellos en lugares alejados de las ciudades y en la Isla de Pinos, no manteniendo relaciones con los jóvenes cubanos, por lo cual no se produjeron importantes influencias recíprocas.



Plantear hoy, como se ha hecho, que los negros cubanos actuales representan a África en Cuba, además de una falsedad, constituye un oportunismo politiquero, que no tiene nada que ver con las supuestas “raíces africanas”, transformadas, recicladas y cubanizadas durante décadas, alejadas bastante del África actual. El negro cubano es un producto original de la Isla, surgido del crisol de razas en el proceso, aún inconcluso, de formación total de la nación. No tiene nada que ver con los negros africanos, a no ser por la pigmentación de su piel, ni tampoco con los afroamericanos. En el mundo de la música, al que se acude a menudo, el que se hayan introducido nuevos instrumentos musicales provenientes de África, uniéndolos a los tambores del tiempo de la esclavitud, es tan natural como que también se utilicen guitarras eléctricas, pianos, saxofones, baterías, consolas acústicas y todo lo desarrollado en el mundo musical. Forma parte, simplemente, de la globalización que transitamos.



Emplear el término “afrocubano”, como algunos exigen, tiene más de académico que de natural. Parece tender a buscar apoyo extraterritorial para “emancipar” al negro de la “opresión” de los blancos y del “terrible” capitalismo, manteniendo la causa de sus problemas, no en sus limitaciones objetivas y subjetivas, sino en las que les imponen otros. Esta tesis de víctima inocente, mantenida durante mucho tiempo, ya ha perdido vigencia y pocos creen en ella y la comparten.



El negro cubano, instruido o semi-analfabeto, trabajador o vago, profesional o delincuente, músico o deportista, violento o pacífico, guaposo o tranquilo, respetuoso o irrespetuoso es un producto neto de nuestra insularidad en el Caribe: es simplemente un cubano más.



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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso