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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

Secuelas del Deep South





A la luz de los acontecimientos actuales de carácter violento sucedidos en USA, magnificados y hasta apoyados por sectores extremistas o de extrema “inocencia política” en otros países, se ha desatado el intento de redescubrir aspectos nuevos de la esclavitud que se practicó en el Sur de ese país, principalmente durante los siglos XVIII y XIX, considerando encontrarse allí la génesis de lo que sucede hoy.



La esclavitud de los negros en USA, respondió a un momento de desarrollo de las fuerzas productivas en ese país, donde la fuerza de trabajo humana era la principal en el proceso productivo, mayoritariamente en los estados del Sur, donde proliferaban las grandes plantaciones de algodón. Los futuros esclavos eran capturados por los mismos africanos, trasladados a los asentamientos establecidos en las costas y vendidos a los traficantes quienes, en los barcos negreros, los trasladaban a USA, Brasil y a las diferentes colonias en el Caribe (inglesas, francesas e ibéricas). El que adquiría el esclavo, asumía su manutención, alojamiento y atención de salud, ya que era una inversión económica que había que cuidar y utilizar al máximo posible, como quien compraba una maquinaria. Por lo tanto, no todos los esclavistas mantenían famélicos a sus esclavos ni los mataban, pues perdían la inversión realizada. Por lo regular, el esclavo se integraba a la plantación, asumiendo muchas veces nombres y apellidos, vinculados con la familia propietaria. Esto no quiere decir que no hubiera esclavistas sádicos ni que, si los esclavos trataban de huir o de rebelarse, se les aplicaran crueles castigos. Había de todo: diferentes obras de la literatura y del cine así lo han recreado.



Al crecer USA, con la incorporación de nuevos territorios, los acuerdos del Congreso de Missouri de 1820, donde se autorizaba la esclavitud al Sur del Paralelo 36, dividiendo el país entre estados esclavistas y estados abolicionistas, comenzaron a entrar en crisis: el Norte, industrializado, demócrata y con trabajo asalariado, presionaba al Sur latifundista, aristocrático y con trabajo esclavo, con el objetivo de desarrollar el país de manera uniforme.



En 1861, once estados del Sur forman la Confederación de Estados de América, designando Richmond como su capital, asumiendo su presidencia Jefferson Davis. Los estados del Norte, bajo la presidencia de Abraham Lincoln, no aceptan la división del país y comienza la Guerra de Secesión, que se extiende hasta 1865. En 1863, en Gettysburg, Lincoln lanza su proclama antiesclavista. La guerra termina en 1865 con la victoria del Norte y la capitulación del Sur, pero el problema negro (racial, social, económico y político) no concluye allí. Los esclavistas perdieron sus derechos de explotación de trabajo esclavo, pero mantuvieron su identidad aristocrática y las normas y procederes que se habían sedimentado con el tiempo, mientras los negros no fueron capaces de asumir los suyos con la intensidad requerida ni vivir de acuerdo a sus nuevos deberes. Este mal se ha extendido hasta nuestros días, independientemente de los grandes cambios positivos ocurridos con los afronorteamericanos (esta es su denominación actual) en toda la Unión. No todo está resuelto, pero si lo están la mayoría de sus problemas. Debido a ello, es inaceptable el vandalismo desatado, así como la destrucción de monumentos y pretender cambiar la Historia, presentándose como “eternas víctimas del hombre blanco”, porque la culpa está repartida casi a partes iguales: unos por no ofrecer suficientes oportunidades y otros por no saber aprovecharlas.



Haití, en nuestra región, mucho antes de USA, se liberó del dominio francés, mediante revueltas y guerras civiles entre 1791 y 1804, conducidas por Toussaint De L’ouverture, quien al final fue derrotado. Los negros haitianos, al fin se desgajaron de Francia y asumieron el poder total en 1804, declarando su independencia, con Dessalines como Presidente. Esta situación provocó la huida de muchos franceses con sus dotaciones, quienes vinieron a establecerse en Cuba, principalmente en Santiago y Guantánamo, trayendo sus experiencias en el cultivo del café, así como tradiciones y cultura. Haití, de una próspera colonia productora de azúcar y café, se convirtió rápidamente en un país pobre y subdesarrollado, lo cual llega hasta nuestros días. República Dominicana, que ocupa la mitad de la Isla compartida, hasta invadida y anexionada por Haití entre 1822 y 1843 y luego liberada, resulta todo lo contrario. De quién ha sido la culpa de la decadencia haitiana? De Francia, que hace más de dos siglos dejó de “explotarlos”, o de la incapacidad de los haitianos para gobernarse y desarrollarse? Hay quienes repiten hasta el cansancio la frase “los pobres haitianos”, pero ella no los exime de su responsabilidad histórica.



Cuba, en 1868, dio la libertad parcial a los esclavos en Yara, la cual se hizo total en la Asamblea de Guáimaro. Desde antes, negros, blancos, chinos y otras razas hemos marchado juntos y se ha formado la Nación cubana, convertida en “un gran ajiaco”. Las oportunidades, en un principio, no fueron iguales para todos: dependían en muchos casos de la procedencia de cada familia o apellido. Sin embargo, excepto por algunas sublevaciones de esclavos entre 1839 y 1843, ocurridas en Trinidad, Macuriges, Lagunillas, durante la construcción del Palacio Aldama en La Habana y en Cárdenas y Matanzas, manipuladas ampliamente con fines políticos en las últimas décadas, tratando de establecer un vínculo de sangre con África y el pago de una “supuesta deuda histórica”, más la sublevación de 1912, errónea en sus objetivos y ahogada en sangre, nuestra integración ha transcurrido de forma pacífica. A nadie se le ocurre hoy destruir o derribar monumentos por el color de la piel o en venganza por la esclavitud, aunque sí se ha hecho por las ideas políticas, lo cual demuestra incultura, extremismo y mediocridad de los responsables.



Ojalá los afronorteamericanos dejen las secuelas del Deep South en la Historia, sean capaces de entenderlas y valorarlas correctamente, se acaben de integrar al país que es su Patria real, respeten sus símbolos, y abandonen el vandalismo, la destrucción y los terribles actos ejecutados en estos días, que en lugar de enaltecerlos y hacerlos más respetados, los afectan y los convierten en simples delincuentes, cegados por el odio. Es verdad, como muchos afirman, no es la mayoría, pero esta minoría, aliada a extremistas antisociales y antinorteamericanos de otras etnias, es más que suficiente para degradarlos ante la opinión pública mundial.



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