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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

Un artículo poco constitucional



El Artículo 3 del proyecto de Constitución establece: “La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano”.



La Patria, con mayúscula, es una para todos los cubanos, tanto para los de dentro como para los de fuera, piensen como piensen. Nunca ha sido adjetivada. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí no se refirieron a ella como Patria revolucionaria o independentista. En tiempos de la República no existió una Patria liberal, ni conservadora, ni auténtica, ni ortodoxa, ni capitalista, ni nada por el estilo. Tampoco existe una Patria socialista. La Patria está por encima de todas las ideologías y de todos los sistemas económicos, políticos y sociales. El adjetivo aplicado es una manipulación utilizada por los regímenes totalitarios. Aquí hemos disfrutado de otras: democracia socialista, derechos humanos que defendemos, sociedad civil patriota, etcétera. En este caso, constituye una imposición, que se pretende aplicar también a la parte del pueblo que no comulga con el socialismo, lo cual es anticonstitucional.



En otro punto, plantea la absurda y antinatural exigencia de que el sistema establecido es “irrevocable”, una “camisa de fuerza” dirigida contra las futuras generaciones, que no tienen por qué respetar ni cumplir lo decidido aquí, sino que lo harán por sí mismas, de acuerdo con la situación que les toque vivir.



Como si todo esto no fuera suficiente, dictamina que “Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”. Resulta irónico que, quienes derribaron el orden establecido por la Constitución de 1940, habiendo prometido que la pondrían en vigor y respetarían, intenten, con espíritu guerrerista, impedir que el hecho se repita con ésta, cuando los nuevos cubanos decidan hacerlo. Es bueno recordar que, como muestra la historia reciente, los regímenes fallidos se caen por el propio peso de sus errores e incompetencia.



Este artículo parece más formar parte de un documento doctrinario del Partido que de una Constitución, tanto por su contenido como por su forma.



Estas imposiciones y exigencias arbitrarias, desgraciadamente, no sólo aparecen en el Artículo 3, sino que se encuentran diseminadas a lo largo de todo el proyecto, producto de la visión simplista y dogmática de la sociedad, con que ha sido elaborado. Un documento con estas características nace sentenciado a disfrutar de una corta vida.



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