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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

A propósito de un artículo simplón



El sábado 25 de agosto, el periódico del partido único “Granma”, publicó en primera plana y con letras rojas, el artículo “Cinco razones que demuestran la inviabilidad del pluripartidismo en Cuba”. El trabajo, pobremente fundamentado y peormente argumentado, merece una respuesta.



1. Generalizar que los fines de los partidos políticos eran puramente electorales y demagógicos, es condenar a priori a una pléyade de importantes personalidades cubanas, miembros de esos partidos y que mantuvieron una actitud patriótica, responsable, cívica, decorosa y honesta, a pesar de las irregularidades y vicios, correspondientes a la falta de civismo de algunos, durante la gestación y consolidación de la República.



En ella coexistieron partidos de diferentes tendencias, desde la ultraderecha hasta la ultraizquierda, quienes luchaban por ganarse, con sus programas, la simpatía y el apoyo de los ciudadanos, convertidos en época de elecciones en electores. No todos fueron buenos ni todos fueron malos. De haber sucedido lo último, Cuba no existiría como país hoy, pues los mayores avances de todo tipo se lograron en esos años.



2. Plantear que el pueblo no tenía espacio en el gobierno, porque en la primeras elecciones en 1901, se exigía ser mayor de 21 años (edad establecida en esa época en la mayoría de los países, para ser considerado legalmente mayor de edad), saber leer y poseer bienes superiores a los 250 pesos, con excepción de quienes hubieran peleado en las filas del Ejército Libertador, no fundamenta nada, ya que posteriormente las leyes electorales variaron y se adecuaron a su tiempo, siendo masiva la participación de los cubanos en las siguientes elecciones. Al “gacetillero” se le olvidó escribir que en esa época tampoco existía el voto femenino, el cual no fue establecido hasta el año 1937, siendo Cuba uno de los primeros países en hacerlo.



Además, ¿de dónde procedían quienes ocupaban los cargos políticos, sino del mismo pueblo? ¿Eran, por casualidad, extraterrestres?



3. Al hablar de la fragmentación de las fuerzas e intromisión extranjera, se ironiza sobre las elecciones “libres” a las que tenían derecho los cubanos, planteando que el pluripartidismo no era garantía de democracia. ¿Lo es, acaso, el unipartidismo? Además, en los años finales de la República, el 85% de la economía se encontraba en manos cubanas, incluyendo el 60% de la producción azucarera. No sé de dónde sacó el “gacetillero”, que el 75% de la capacidad productiva estaba en manos extranjeras.



4. Al escribir sobre la corrupción política y administrativa, acusa a todos de “ladrones y malversadores que habían tenido fama de incorruptibles”. Nadie niega que los hubo, como también muchos no lo fueron y hasta llegaron al suicidio por no poder cumplir con la palabra empeñada (Supervielle-Alcalde de La Habana). Ahora también abundan, aunque no se publiquen los casos en “Granma”, tal vez muchos más que antes, incrustados en las diferentes instancias del poder, pero ninguno se suicida ni pide perdón a los ciudadanos por los errores cometidos.



5. En la última razón, se afirma que no lograron cambiar la situación del país, lo cual es absolutamente falso. La Cuba de 1902 no se parece en nada a la de 1958. De un país insalubre y lleno de epidemias, se transformó en uno de los países con mejores indicadores de salud de Iberoamérica, al igual que en la educación, con el menor índice de analfabetismo. El desarrollo económico se disparó y, en 1958, ocupaba el lugar 29 entre las mayores economías del mundo. Todo esto propició el surgimiento y consolidación de una amplia y poderosa clase media, elevándose el bienestar de la mayoría de los cubanos, principalmente en las zonas urbanas, donde residía el 75% de la población, no siendo así en la rural, donde residía el 25%, y su avance fue mucho más lento. Esta riqueza propició la construcción de escuelas, hospitales, grandes industrias, viviendas, carreteras, puentes, calles, avenidas y todo tipo de construcciones modernas, que colocaron a Cuba en una posición privilegiada ante el resto de Iberoamérica. Las leyes laborales y su Constitución fueron de las más avanzadas para la época, y ejemplos durante años para muchos países.



Recomiendo al “gacetillero” que, cuando le ordenen escribir sobre los males de Cuba durante la República, al menos investigue y se ilustre, para no escribir tonterías y hacer el ridículo. Es un problema de ética y respeto a uno mismo y a los lectores.



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