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Spanish post from Ciudadano Cero by Jeovany Jimenez Vega

¡Ping pong fuera!… ¿consulta a la gusanera?…



Por Jeovany Jimenez Vega.



Estamos otra vez ante la demagogia en su estado más puro. Hace varios días el “gobierno” de Díaz-Canel “convocó” a la diáspora cubana a “participar” en la nueva “reforma” constitucional. Demasiadas comillas, diría el academicista, pero en las primeras líneas de este post cada una está justificada, pues donde los ingenuos pueden guardar aún rastros de esperanza los conocedores del argot de la Plaza perciben entre líneas el calibre real del nuevo cinismo.



Es muy curioso que se convoque a la emigración a una consulta a la cual, sin embargo, nunca fueron genuinamente convocados ni siquiera los cubanos dentro de la isla. Este mamotreto, recortado a la medida de los Castro y concebido letra por letra, con miras obtusas y peores intenciones, en los laboratorios del Departamento Ideológico del Partido Comunista y en las galeras más empolvadas del Buró Político del Consejo de Estado es ya, hace mucho tiempo, letra fundida.



No hubo antes ni habrá modo después de esta payasada montada antes en los barrios de Cuba y propuesta hoy on line fuera de ella, en que esto redunde en provecho de Liborio. Demasiada intolerancia ha derrochado este lobo arrogante, como para merecerse este voto de confianza que nos pide hoy solo porque llega disfrazado de oveja.



Hoy la dictadura “convoca” al mismo pueblo que por seis décadas ha privado de viajar libremente al extranjero –pues la nueva política también coarta derechos y deja demasiadas potestades al capricho de las autoridades– y así mismo del derecho irrestricto de regresar a su patria cuando cada cubano así inconsultamente lo decida –pues inconsultos son los auténticos derechos.



Nauseas da con solo pensarlo. Resuma cinismo y es una burla a la nación cubana. Iniciativas como esta se oponen a la esencia de las dictaduras, son ejercicios propios de las democracias pero incompatibles con autocracias absolutistas como esta de La Habana, que por más de medio siglo ha cerrado a cal y canto las puertas de su propio país a millones de exiliados y hoy descaradamente les “convoca” sin ni siquiera insinuar una disculpa por los huevazos y las golpizas.



Nadie pierda la perspectiva: todo cuanto haga el régimen cubano siempre será en beneficio propio y nunca en el de mi pueblo. Recordemos cómo Raúl Castro, ese especialista en limosnas a cuentagotas, aflojó el cerrojo migratorio sólo cuando olfateó, viendo cerrarse el grifo venezolano, los más de 3500 millones de dólares anuales que por concepto de mercancías o remesas entran a esta islita los emigrados desde la apertura parcial de 2014. Además, los dictadores saben que mientras más cubanos viajen más carne fresca llegará a la moledora en las aduanas.



No es que nos considere más justamente la dictadura, es sólo una cuestión pragmática, de valor agregado, puro enfoque utilitario según el más elemental principio del capitalismo de estado regente en la Cuba de los Castro.



¿Qué sucederá cuando esa emigración exija su auténtico derecho a regresar a su país sin intromisiones burocráticas y sin las estafas inherentes al pasaporte más inútil y caro del mundo? ¿Qué si exige su naturalísimo derecho a probar fortuna y apostar como inversora a mediana y gran escala en su propia tierra? ¿Serán abiertas definitivamente las puertas a la inversión de estos mismos emigrados a lo que hoy se les “convoca” a opinar? ¿Será reformada la irrespetuosa Ley de Inversión Extranjera –donde por cierto, si vamos a ser justos, nada pintarían los nacionales ni sus descendientes– para priorizar a estos cubanos emigrados?



¿Veremos por fin el trabuco de béisbol que Cuba se merece competir en el próximo Clásico Mundial, y a los desterrados de las misiones médicas volver de visita, pues ya no tendrán que esperar una larga década para volver al regazo familiar? ¿O seguirá la dictadura politizando todas y cada una de las facetas de algo tan natural y antiguo como la posibilidad de emigrar, probar fortuna y regresar o no a su lugar de origen según cada cual lo determine?



¿Serán los fundamentalistas que todavía reinan en la Plaza capaces de respetar algún derecho a la diáspora de este país de una belleza y una bondad indiscutibles, esa diáspora cubana únicamente justificada por el manto de terror con que le cubren su país? ¿Será posible que un “parlamento” donde ni siquiera hallan genuina representación los cubanos de la isla, encuentre resonancia en las necesidades o exigencias de quienes residen más allá del vasto océano? Quisiera pensar que sí, pero sinceramente al respecto me confieso pletórico de escepticismo.



De modo que ahora, sin mediar disculpas, cuentan los desarrapados de los discursos del comandante, los gusanos denigrados, aquella inmunda escoria de la Historia. Horrendo ha sido el crimen, absolutos el irrespeto y el despotismo. Ahora la dictadura cubana –es vital llamar a cada cosa por su nombre– haciendo nuevamente uso de su habitual despotismo, simplemente ha encontrado una manera más de burlarse de mi pueblo.



Hoy este régimen extremista, con ese sacrosanto derecho que pretende poseer sobre todos los cubanos, a modo de limosna desea aparentar que los desterrados de Camarioca, de Mariel, del maleconazo y del más reciente superéxodo centroamericano, todavía son considerados como cubanos por los césares, y que pueden llegar a influir –¡oh! milagro divino– sobre una Ley de leyes sellada de antemano y destinada a ser letra muerta ante la Historia.



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