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Preocuparse y ocuparse de continuar el proyecto nacional







Por Germán M. González



En Cuba existió un proyecto de País antes de contar con un Estado constituido. Félix Varela, José de la Luz y Caballero y Francisco de Arango y Parreño, sin ser los únicos  representaron los proyectos de emancipación, cívico y económico del futuro Estado, aun soñado. Dígase lo que se diga lo cierto es que esos proyectos fueron haciéndose  realidad, bajo circunstancias dificilísimas, primero por la condición de colonia del Estado más retrógrado de Europa y luego por la inmediatez de quien se convertiría en la más grande Nación que la Libertad haya forjado (1).



Lo cierto es que la República advenida el 20 de Mayo de 1902 en el brevísimo plazo histórico de medio siglo alcanzó éxitos que la situaron muy por delante en su ámbito geográfico y en el mundo, incluida Europa. No es ocasión ni propósito argumentar esta afirmación, baste decir que por sus niveles de consumo y desarrollo de servicios básicos, industrialización, situación financiera, renta nacional p/c, cultura autóctona, desarrollo deportivo y grado de cubanización de la economía se le clasificaba por organismos internacionales y analistas como País semi desarrollado en los años 50s.



Todo puede resumirse en tres indicadores básicos: Cuba no tenía deuda externa y sí cuantiosas reservas líquidas; el peso cubano se cotizaba a la par del dólar estadounidense y la tasa de migración fue altamente positiva. Durante la República todos los años arrojaron balanza comercial favorable, la población se multiplicó por cuatro y el Producto Interno Bruto por diez.



El constitucionalismo cubano se desarrolló desde la Colonia, ya en 1812 José Joaquín Infante elabora un proyecto de Constitución. Posteriormente y antes de 1968 hubo otras, como la de Narciso López. Al comenzar las contiendas independentistas la primera preocupación –y ocupación- de los insurrectos fue la elaboración del cuerpo legal que regiría la República, aun en armas: Guáimaro, Jimaguayú, Baraguá, La Yaya. Al nacer la República contó con la Constitución de 1901, que rigió –con escaramuzas de pretensiones dictatoriales- hasta la culminación de las aspiraciones cívica, políticas y económicas de más de un siglo: La Constitución de 1940, un aserto Martiano: Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos (2).



Se ha dicho y escrito que el proyecto cubano (sus tres facetas) fue derrotado. Eso equivale –salvando las distancias- a decir que Cristo lo fue. Cristo resultó asesinado, escarnecido, torturado, etc. pero ni aun el más acérrimo ateo o anticristiano puede llamarlo derrotado; aún un crítico ateo del cristianismo como Carlos Marx reconoce, en frase célebre, que Cristo triunfó porque Espartaco fracasó… José Martí murió en combate, luego se le ha irrespetado citándolo parcialmente para justificar políticas por él condenadas explícitamente. La orden que lleva su nombre se ha concedido a dictadores corruptos y sanguinarios para vergüenza de todo cubano. Pero está ahí, su palabra escrita permanece y quizás sea más necesario que nunca para restablecer, con su pensamiento como guía, los proyectos de País ahora latentes.



El (los) proyectos cubanos fueron malogrados por una serie de circunstancias trágicas, entre ellas y no la menos importante la existencia de una superpotencia que en su ambición de dominio mundial se involucró en Cuba armando, vistiendo, calzando, alimentando, entrenando, suministrando información de inteligencia a un aparato militar de más de un millón de elementos, 25 veces las fuerzas del gobierno de Fulgencio Batista. Eso hizo  posible el fusilamiento de miles de cubanos, el encarcelamiento de centenares de miles y el exilio de millones hasta lograr la consolidación de un régimen a su imagen y semejanza, que incluso la ha sobrevivido.



Saltemos el tiempo hasta el Después de… cuya duración dependerá de la unión de los que piensan en Cuba estando dentro o fuera, de factores internacionales e incluso de política doméstica de otras naciones. Pero pensemos que ese momento llegará y esperemos que más temprano que tarde, y entonces… ¿Cómo revivir los tres proyectos nacionales? ¿Qué solución dar a la necesidad de convertir la sociedad cubana de “cerrada” en “abierta”? ¿Qué tareas deberán asumir prioritariamente los que tomen la responsabilidad de guiar la salida del caos?



(1)-Martí, J. Vindicación de Cuba



(2)-Martí, J. O.C. t9, p 308.



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