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Jovellanos, la Seguridad del Estado y el molino arrocero





(Dedicado a Osvaldo Mateo Mena)



Por: Pedro Acosta



En  Octubre del año 1960, en Jovellanos, se dio un hecho inédito en  el proceso de la toma del poder económico por parte de la “revolución”.  Acto que deja sentado que el “proletariado” no concordaba  mucho con el gobierno.



El mismo, además, es una muestra de que la represión sobre aquellos que no coincidían con las decisiones del régimen y actuaban de manera pacífica e independiente, nace desde los primeros momentos. Los órganos de la Seguridad el Estado, antes  G-2, han sido los encargados de acallar las voces discordantes y el mantener los hechos ocultos o enmascararlos.



Los jovellanenses  mostraron su inconformidad con el actuar del régimen desde el propio 1959.  A la ciudad, que  constituyó en la década del cincuenta del pasado siglo  un potente centro económico en el país, la historia le dio la razón. Su poderosa y pujante economía  fue  destruida hasta sus cimientos por la   incapacidad y los constantes errores que ha cometido el castrismo en primer lugar en la esfera  de la producción.



Cuando Fidel,  en la noche del 13 de Octubre de 1960, da a conocer el listado de las 382 grandes empresas cubanas que el gobierno intervenía -lo que yo llamo “el Gran Zarpazo”- en la lista aparecen 11 molinos arroceros y dentro de ellos el Molino arrocero “Doña Ignacia” en el pueblo de Jovellanos, provincia de Matanzas.



Cuando los jovellaneneses se refieren “al molino de los Mateo”  cometen un gran error, pues no  era uno sino dos  los que allí había. Ambos valorados al momento de su intervención en 1.2 millones de dólares.



En una de las muchas ocasiones en que hablé, ya adulto, con Cecilio Mateo le pregunté  para qué era el segundo molino, terminado en 1958, pues  casi no se utilizaba, él me dio una respuesta muy interesante.



Me dijo que los molineros habían acordado con los cosechadores de todo el pais conseguirles el financiamiento necesario para que pusieran a punto nuevas tierras dedicadas al cultivo del arroz. Algo que ya venían haciendo desde  1958.



Y me apuntó: “Ahora el gobierno está comprando  el grano  a quien  se lo venda y  con los planes que nos habíamos trazado, Cuba en 1961 ó 62 se autoabastecería de arroz y para finales de esa década estaríamos exportando para el área del Caribe. ¡Por eso construí el segundo molino! ”



La intervención de esos molinos fue la que dio origen a la inédita situación apuntada anteriormente.



Al enterarse de que  habían intervenido los molinos, algunos de sus trabajadores  se reúnen pues  no están de acuerdo con la  expropiación y delegan en Raúl,  el Contador, y el Jefe de molienda, Nicasio Acosta (mi padre) para que procedieran a la recogida de firmas de aquellos que entendieran que el centro debía ser devuelto a quien pertenecía. Los dos hombres visitan a Cecilio Mateo y le expresan lo que ellos iban a hacer y este les dice que no perdieran el tiempo, que no le iban a devolver nada y que lo más probable era que se metieran en serios problemas.



El objetivo era recoger las firmas  y después  presentarlas donde correspondiera. Algo que no tenían muy claro, es por ello que deciden recoger las firmas en dos documentos. Si mal no recuerdo dirigirían uno al Ejército Rebelde y otro al Movimiento 26 de Julio.



De los  103 trabajadores con que contaba el Molino Arrocero ya habían firmado el documento 97,  que representaba un 94%,  se habían negado a firmarlo tres y faltaban dos por visitar. Entonces, cerca de las once de la mañana, un carro del G2 los detiene, les quitan los documentos y los conducen hasta el Departamento de Seguridad del Estado en la ciudad de Matanzas.



Allí permanecen secuestrados hasta las dos de la tarde del siguiente día. Ninguna autoridad en el pueblo dio explicaciones ni supo decir  el paradero de ellos.



La vida también  le otorgó la razón  a mi padre y a los que habían firmado aquel documento, pues a los dos años de la expropiación  les habían rebajado el salario en 21 pesos –equivalente al poder adquisitivo actual de más de 250-, les quitaron la regalía mensual de 25 libras de arroz  y el “aguinaldo”, consistente en el salario íntegro de un mes, ya no existía.



Reafirmación de lo expresado lo fue  cuando mi padre, en 1971, en pleno proceso de molienda  sufrió un grave accidente que casi le cuesta la pierna derecha, por lo que tiene que pasar a la plaza de Portero, pero  no es  la Administración, ni el Sindicato y mucho menos el PCC quienes lo visitaron. Fueron sus amigos y el primero Cecilio Mateo, algo más tarde lo hizo Osvaldo Mateo sénior  y ninguno de los dos se apareció con las manos vacías.



La “revolución” sí visitó a mi padre, pero  seis años más tarde, en la persona el Jefe de Personal de la Empresa y fue para rebajarle el salario que venía devengando, pues en su caso –accidente de trabajo- se habían violado procedimientos por parte de….la Administración del molino.



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