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Spanish post from El Blog de Dimas by Dimas Castellano

La Directiva de Obama y los cambios en Cuba

En el contexto generado por la ruptura de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el gobierno revolucionario estatizó la economía, desmanteló la sociedad civil, restringió las libertades fundamentales y despareció el concepto de ciudadano.



La ineficiencia del modelo implantado -una de cuyas manifestaciones fue el fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970- se solapó durante décadas con las subvenciones basadas en la afinidad ideológica, mientras el desmontaje de la institucionalidad se justifico con el enfrentamiento al “enemigo”.



El derrumbe de la Unión Soviética develó el fracaso. Sin embargo, el gobierno cubano en lugar de  someter el modelo a una reforma estructural se circunscribió a cambios coyunturales para subsistir. A pesar de su carácter limitado, ante las primeras señales de surgimiento de un embrión de clase media, los cambios fueron detenidos. Unos años después, con las subvenciones procedentes de Venezuela, la reforma se pospuso para las calendas griegas, mientras el ineficiencia modelo continuaba su camino.



A partir del año 2008, cuando el general Raúl Castro asumió la dirección del Estado, implementó un paquete de medidas cuyo principal ha sido develar el agotamiento del modelo y la profundidad de la crisis.



Ante la disyuntiva de profundizar o restringir las reformas, la Primera Conferencia del Partido Comunista en 2012 optó por lo segundo. Se revitalizó la política expuesta por Fidel Castro en 1961, cuando en el Congreso de Cultura preguntó: ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Y se respondió así mismo: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.



La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo cubano; el fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo; el fracaso de la política norteamericana, dirigida a promover cambios dentro de Cuba y el hábil manejo de los errores de esa política por la parte cubana, facilitaron el inicio de las conversaciones secretas entre los dos gobiernos hasta desembocar en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el anuncio de una nueva política norteamericana: una decisión útil a los intereses estadounidenses para recuperar la influencia perdida en la región; útil al gobierno cubano al proporcionar una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos, al crear un escenario favorable para la recuperación de los derechos y libertades perdidos.



La nueva política norteamericana, al no exigir la democratización de Cuba como premisa para restablecer las relaciones, desplazará gradualmente la contradicción externa por la contradicción interna Pueblo-Gobierno, lo que explica la insoluble contradicción del gobierno cubano: cambiar y conservar el poder.



Teniendo en cuenta los límites impuestos por el embargo, el presidente Barack Obama dictó seis paquetes de modificaciones. El primero amplió los permisos generales de viaje, ofreció facilidades comerciales a empresas privadas cubanas y a pequeños agricultores, acrecentó el monto de las remesas y donativos, expandió las exportaciones comerciales de bienes y servicios desde Estados Unidos, incrementó el acceso de Cuba a las comunicaciones y proporcionó telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos.



Ese y los subsiguientes paquetes se reflejaron en el aumento de los viajes autorizados a Cuba, la llegada del primer buque de cruceros a puertos cubanos, el reinicio de los vuelos, el inicio de la transportación directa de correo entre los dos países; varias empresas estadounidenses de telecomunicaciones establecieron acuerdos para servicios de voz directa e itinerancia de señales con Cuba, facilitó las negociaciones con otros países y reanimó las expectativas y esperanzas de cambio.



La reciente Directiva Presidencial -dirigida a hacer irreversible la nueva política- se propone avanzar en los siguientes seis objetivos a mediano plazo:



Continuar los intercambios de alto nivel y técnicos en áreas de interés mutuo;  2- Continuar” los vínculo persona a persona a través de intercambios patrocinados por el gobierno o el sector privado y establecer un grupo de trabajo bilateral para ampliar la conectividad a Internet”; 3- Identificar maneras de ampliar las oportunidades para que las empresas estadounidenses trabajen con Cuba y “aplicar políticas que permitan la interacción del sector privado de Estados Unidos con el sector privado emergente de Cuba y con las empresas estatales que proporcionan bienes y servicios a la población cubana”; 4- Utilizar la cooperación ampliada para apoyar mayores reformas económicas por parte del gobierno cubano; 5- Dejar claro que Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente en Cuba, porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano, a la vez que buscará institucionalizar un diálogo regular sobre los derechos humanos para impulsar el avance en esa materia; y 6- Ampliar el diálogo con Cuba en las organizaciones en las que ya es miembro, como la Organización Mundial de Comercio y la Organización Mundial de Aduanas.



Por su parte el gobierno de la Isla permitió  a los cubanos hospedarse en hoteles reservados para turistas; comprar computadoras, DVD y líneas de telefonía móvil; vender su casa o su auto; salir del país sin tener que pedir permiso a papa Estado y permanecer hasta 24 meses en el exterior; y estableció más de 100 puntos públicos de acceso a wifi. Medidas, que más que avances denotan hasta el punto en que habían retrocedido los derechos en Cuba.



Otras medidas que pudieron ser el comienzo de cambios profundos: la entrega en usufructo de tierras que el Estado fue incapaz de hacer producir y el trabajo privado, limitado a unas 200 actividades esencialmente de servicios y sin personalidad jurídica;  la creación bajo control estatal de “cooperativas no  agropecuarias”; y una nueva Ley de Inversión Extranjera. Medidas subordinadas a la conservación del poder que prohíben a los cubanos ser empresarios en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros y crear sindicatos independientes para la defensa de sus intereses.



Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso y que las medidas de la administración Obama lo han flexibilizado, lo indicado sería aprovechar las relaciones diplomáticas y los paquetes de medidas del gobierno estadounidense para implementar la reforma -estructural e integral- que no se emprendió después del fracaso de la zafra de 1970, ni después de la desaparición de la Unión Soviética en 1989, ni a partir de los cambios mínimos iniciados en 2008. Una reforma  que beneficiaría enormemente beneficiosa para Cuba y para los cubanos.



Por tanto, la inviabilidad del modelo y el límite a las reformas constituye, la causa fundamental del desinterés y desesperanza de los cubanos, del éxodo masivo y de la ineficiencia productiva que ha impedido eliminar la dualidad monetaria, liberarse de las subvenciones extranjeras, sustituir la importación de alimentos y obtener las divisas necesarias. Con ese resultado -responsabilidad del gobierno cubano- si mañana el Congreso norteamericano levanta el Embargo, no se podrían aprovechar plenamente las relaciones económicas con la mayor potencia económica del mundo, ubicada geográficamente a unas pocas millas de Cuba.



Respecto a la solución de las diferencias pendientes en la marcha hacia la plena normalización de las relaciones, la Directiva declara que “no tiene la intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras disposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo”. Ese y otros aspectos: las trasmisiones radiales y televisivas, las compensaciones mutuas, el programa de parole para médicos cubanos, la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados” y cualquier otra diferencia, deben negociarse a través de los canales diplomáticos restablecidos y desterrar el discurso populista, las estridentes movilizaciones y las condenas en Naciones Unidas, que en décadas no han arrojado ninguna solución. Pero sobre todo deben emprenderse las reformas para que los cubanos no tengan que salir  a buscar en el extranjero lo que con libertades pueden resolver en su país.



El ministro de relaciones exteriores de Cuba, al presentar  el último proyecto contra el embargo en la Asamblea General de la ONU el pasado 26 mes de octubre, calificó las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos de “pasos positivos, pero de muy limitado efecto y alcance”. Y en consecuencia planteó que “el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de nuestro pueblo”, y parafraseando a Fidel dijo que “ya decidimos nuestro camino al futuro”. Dos afirmaciones falsas. Ni el “bloqueo” es el principal obstáculo, ni los cubanos cuentan con los mecanismos, espacios e instituciones para decidir ningún camino, que no sea el del éxodo.



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