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Spanish post from Mermelada by Fernando Dámaso

Nombres y marcas



Hacerse de un nombre respetado en el mundo del comercio, requiere de recursos, trabajo y tiempo. En La Habana de la época colonial y republicana surgieron nombres, que se fueron consolidando con el correr de los años y llegaron a ser famosos. Entre ellos resaltan, en las tiendas: El Encanto, Fin de Siglo, La Época, La Ópera, La Filosofía, Sánchez Mola, Los Precios Fijos y otras; en las joyerías, locerías y artículos finos de regalo: Le Trianón, Riviera, Cuervo y Sobrinos y otras; en las dulcerías Potín, La Gran Vía, Sylvain y otras; en los restaurante s y cafeterías: La Zaragozana, El Castillo de Farnés, Floridita, El Emperador, Monseñor, El Castillo de Jagua, Rancho Luna y otros. La lista pudiera hacerse interminable, si se incorporaran los diferentes tipos de comercio. Igual sucedió en toda la Isla.



Con las marcas se repitió el fenómeno. Bacardí. Arechabala, Hatuey, Cristal, Tropical, Polar, Pilón, Regil, Jon Chí, Tío Ben, Bola Roja, El Miño, Nalón, Escudo, Catedral, Guarina, Hatuey, Regalías El Cuño, Partagás, H. Hupman, Competidora Gaditana, Trinidad y otras muchas.



A partir de 1959 las nuevas autoridades cambiaron los nombres y las marcas, y dejaron perder años de recursos y de trabajo serio de muchos cubanos. Fue una política comercial suicida, sustituyendo nombres y marcas establecidos, por numeraciones absurdas y nombres genéricos. Así aparecieron los mercados A-14, S-34, M-67 y otros, los cigarrillos fueron todos Populares o Suaves, los jabones Nácar, los refrescos Son y el desodorante, la colonia, el shampú y otros productos Fiesta. Desaparecieron las etiquetas y los envases que diferenciaban una marca de otra, aunque se fabricasen en diferentes lugares. Dejaron de existir los nombres y las marcas a defender o por los cuales responder, perdiéndose la calidad. Aún sucede con algunos productos, siendo el caso más representativo el de los fósforos: se nombran Chispa, aunque sus productores sean diferentes y se encuentren en distintas provincias. Muchas cervezas, con diferentes marcas, se fabrican en una fábrica en Holguín, cerrándose las fábricas existentes en La Habana.



Con la lenta inserción en el mercado mundial, algunos nombres y marcas han sido rescatados y otros nuevos han sido creados. En cuanto al comercio, los laureles corresponden al Historiador de la Ciudad, quien ha restituido a muchos comercios del casco histórico sus nombres originales, aunque con algunas libertades en cuanto a sus ubicaciones: Cuervo y Sobrinos estaba en Águila y San Rafael y no en Oficios y Muralla, donde se encuentra ahora. Pero bueno, todo no puede ser perfecto. Se debe agradecer el esfuerzo. Ojalá los nuevos negocios privados, que se instalen en locales de antiguos comercios, lo imiten. Tal vez así en La Habana y en otros lugares de Cuba se vaya restituyendo la continuidad histórica perdida.



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