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Spanish post from El Blog de Jeronimo by Lilianne Ruíz

Mi amigo el Dr. Ariel Ruiz Urquiola



me ha pedido que publique sus cuentos en mi blog. En estos dias se habla mucho del Dr. Ariel Urquiola, de su expulsion de la Universidad, de su entrevista para Estado de Sats. Y hay mucho mas que Ariel puede decir, porque su vida parece la saga de alguien que siempre acepta el desafio de ser y hacer Génesis.



El que publico a continuación es el primero de sus cuentos que yo lei. Hay que decir que son testimoniales. Expresados con todo su arte, pero todo es real. Hay mucho mas que habra que escucharle decir a Ariel y es importante no perderlo de vista, acompañarlo, porque a lo que él se ha decidido, le coloca en una situacion de alto riesgo, porque vivimos en dictadura. Y los dictadores y sus secuaces son unos cobardes. Yo aprendi en mi adolocescencia, y ya tengo 39 años, que no hay peor enemigo para alguien valiente que un cobarde. Por eso, cerremos filas con Ariel porque su voz es la de muchos de nosotros.



Y si se muere, ¿dónde la entierras?



Para Omi, que fue mi mayor obsesión



Ariel Ruiz Urquiola (La Habana, enero de 2010)



-Y si se muere, ¿dónde la entierras?- Preguntó Inocencia. -¿Qué significación puede tener eso para una católica, apostólica y romana? A fin de cuentas lo que importa es la resurrección de Cristo y no la cruz donde fue clavado ni el panteón donde fue sepultado. ¿Quién es Muerte? Esa siniestra que cesa a Vida, o quien separa a Cuerpo de Alma. ¿Acaso prefiere a quien violenta a Pasión e inmuta profusamente a sentimientos?- -No te pongas bravo, ya no sé ni lo que digo. Además, a mí me importan todos esos símbolos.- -Estoy harto de símbolos. No, en realidad no es de éstos sino de los simbolizadores.- -Mijo, no te encabrites, es que de pronto ellos dicen que le queda un mes de vida sin delirio y tú vienes y me la arrebatas sin más ni más. Llegas como un aparecido de San Diego y le preguntas que a dónde se quiere ir. Egipto, Grecia o Italia. Países. Palabras. Pesadillas. Preámbulos de la muerte. Y tú como si nada pasara. No, como si no hubiera consecuencias definitorias.- -Deje el drama. Si se va a morir, pues que escoja el lugar. Además sueño implica improbabilidad de realización, o es qué también tiene otra definición manipulada.- -No juegues de palabra conmigo. ¿Qué sabes tú de hijos? ¿Qué sabes de la preñez y de los cuidados de un neonato que después de mucho esfuerzo se definió en bebé? ¿Qué sabes de las entrañas de una madre?- -Cállese, que no es usted a quien toca definir. ¿Egipto, Grecia o Italia?- Y aquella mirada salida de unas cuevas que recuerdan las cápsulas ópticas. Guarecida entre las paredes. Negra, recordando la noche que no es negra, es obscura. ¿Quién dijo que la noche es negra? Sarta de disparates. Simbolizadores. -¿Y puedo escoger?- Paradójicamente, Chencha retira las telarañas como si quisiera estimular a la negra. Atrincherada decía escoger dónde morir. -¿Qué es escoger? ¿Alguna vez pudimos escoger? Escoger, debe ser un verbo que se atrofió por estos parajes.- Y yo, montando sobre un personaje desconocido, asiento con la cabeza. -Escoger dónde vivir porque para nosotros morir es también vivir.- 2006. -Tú tienes un congreso en Creta, ¿cierto?- Asiento. -¡A Grecia!- El Brío se desborda sobre una mar de incertidumbre. Rellena las fosas donde se atrincheraba la negra. -Mijo, ¿cómo vas a lograrlo?- Y aquella negra volvía a su refugio. Se regalaba una sonrisa, entre esos descascarados por los citostáticos.



-Hemos decido irnos de viaje.- -Se van al campo bajo tu responsabilidad.- Maldita manía de ser apóstrofe ante el paciente, presente o ausente, da igual cuando se ejerce con vehemencia el corte de un intento de comunicación. -No, nos vamos al extranjero.- -¡Muchacho loco! Sabes a qué la expones.- -Sí.- En ese momento sólo veía la imagen de Chencha preguntándome y si se muere, ¿dónde la entierras? Qué manía la de esta generación de apegarse a la tierra cual quitón a la roca de una playa, como si no existiera más costa. No, como si el resto de la costa no dejara espacio para otra adhesión por breve que fuera. ¡Qué apego a una vida que se torna Muerte! Porque cuando Vida está de nupcias con Miedo, se pare Muerte. Miedo, ese cuatrero devenido en caballero que perturba a Alma por una afectación real o imaginaria. ¿Será que Carpentier y Marqués escribieron bajo la persecución angustiosa de Miedo? Ser o no ser. Mejor, escribir sobre una realidad examinada bajo un microscopio con pinzas que irán a parar a un colector de desinfección después de concluir la disección. -¿Y el doce-taxol?… ¿Y el Trastuzumab?…- El miedo por el absurdo de una negativa me invadió en un instante. -Yo se los pondré si usted pudiera estar a tono con las circunstancias y confía en mi competencia.- -¿De cuánto tiempo se trata?- -Un mes.- -A fin de cuentas los medicamentos ya han sido asignados.- Después de dar tanta pelea contra absurdos. Me dije hacia dentro. -Sabes que puede ocurrir una hemorragia por la diferencia de presiones.- Silencio. -A fin de cuentas es el tiempo pronosticado.- Otra vez Silencio. -A fin de cuentas quién me indicó cómo tratar al eje floral expuesto.- Chabela cansada por la faena más que por la conversación. Se levanta la blanca bata y se vuelve a posar. Receta en mano. Pluma robándole la virginidad. Rostros alegres enfrente a la bata fruncida en el cuello de foque. Pájaro en mano. Puertas del hospital rebasadas. Saltos y saltillos entre los meandros. Juego del Pon. Olor a avenida 23. Mano indicando con el pulgar hacia la municipalidad de Playa. Sol acariciando como de costumbre. Blusa con una mácula creciente en la parte derecha. Gente y más gente como si el dinero alcanzara para coger un almendrón. Piedad o suerte. Mejor ambas. Chabela cansada de esperar. Marco Antonio Solís amando con lamentos a una carrocería que precisa de las circunstancias de los años cincuenta. Veinte pesos de los 430 que mensualmente devengo como investigador y profesor universitario. Rostros en casa, enfrente a Chencha resignada a mi locura.



Vamos a limpiar del camino. Esas consultas en medio de una reparación capital como la que se le debe a la mayoría de los pacientes, que pacientemente esperan por las batas lo mismo sobre un guacal que alberga a un futuro equipo médico que en una de las escasas sillas situadas en el pasillo o simplemente de pie, sirviendo de asiento a los materiales de construcción y de escaso alimento a un creciente número de mosquitos. Luego esas bocacalles de 23 llenas de salideros donde se revuelcan las aguas negras con las del acueducto y que uno trata de franquear brincando entre las interdigitaciones y las heces de los perros de casa que tampoco han recibido educación. Cestos cuyas tapas ya no soportan esconder los desechos de cualquier naturaleza. -Ante todo posicionaré a estos cinco girasoles.- Ciertamente olvidé que cada vez que salimos de la nueva casa en reconstrucción compramos uno, tres o cinco girasoles en dependencia no sólo del dinero que dispongamos porque al menos el precio es fijo, sino de la condición de vitalidad de ellos y de nosotros, como es natural. Circunstancias. Isla e islas. Archipiélago. No suena igual. Mejor islas. Girasoles. Algunas veces también vencidos y con pocas ganas de animar al transeúnte desesperado por un milagro. Ese pedicelo que ha quedado expuesto. Cada vez que pienso en esa flor deshojada, que deja ver los haces vasculares, se me enfría Alma con el abrigo de Miedo. Manos ayudan a desvestir a Chabela. Muerte revoloteando. Llegan al tórax, retiran el algodoncillo que cubría al pedicelo. Por suerte queda la flor gemela como referencia de la continuidad. De la vida que pudo ser. Otra vez los haces vasculares que drenan savia. Incontinentes. No sé cómo no se pueden contener en medio de una isla cada vez más contenida. Ha de ser como con las cañerías, las tapas de los cestos atestados y los perros maleducados. Las manos aún retiran algodoncillo. Es un volcán que deja al desnudo sus laderas. -¡Chencha! ¿Terminó con el cocimiento?- Se trata de un mejunje de romerillo, manzanilla y hierbabuena con el cual retiraré los restos de lava que aún recubren al pedicelo, para luego aislarlo de ese medio circundante con poco más que la mitad de un tubo de gentamicina. La verdad es que el método de curación es puramente empírico, como lo ha sido el cultivo de las flores. Las batas no me enseñaron. Miedo también las abrigó cuando exploraban la caldera. Vuelvo a recubrir el cráter con algodoncillo y regresan las manos a vestir el cuerpo. Auricular en mano, teléfonos A, B, C,… Hasta la última letra del alfabeto solicitando gasa para la construcción de apósitos y gentamicina en pomada, que está en falta y a nivel de hospital. Lista, y Chabela se incorpora para almorzar una fórmula basal que la ayuda a mantenerse enhiesta. Selecciona dentro de su ajuar la ropa que mejor le viene para la cotidianidad. Llama a su jefa inmediata, madre por convicción, y le dice que está lista. Manda luego el lada y hace su entrada en la clase de Cultura Cubana. Allí todos la esperan impacientemente. Yo me quedo en mi trabajo hasta la noche para recuperar las horas invertidas en estos quehaceres no profesionales.



-Nacho, ¿cómo le harás?- Salir de Cuba es un fenómeno que no pretendo definir. Sólo franquear. Dura lex sed lex. -Chabela, necesito saber primero si en tu facultad te pueden cubrir las clases por un mes y segundo si te podrían tramitar un viaje para participar en un congreso sobre arquitectura moderna en Alemania.- -Sí.- Se adelantó a pienso que sí. -Resuelto. Julien me ha informado que hay un congreso de esa naturaleza en Frankfurt y podría proponer una conferencia tuya al comité organizador que trate sobre la arquitectura moderna en la isla.- -Me parece bien el inicio de la estrategia, aunque no sé si podré. Me canso con facilidad y luego esta abertura que recuerda a un cráter. ¿Podré?…- -Yo tampoco sé si podré. Futuro, ¿qué sabemos tú y yo de futuro? Apenas de presente. De pasado, mucho. Mucho para contar si fuera preciso.- El cansancio vuelve a apoderarse de mí. Se me viene encima y me entra por doquier. En realidad lo disfruto hasta el amanecer de este mismo día. Mi viaje también será institucional. Es el camino más seguro cuando se intenta transitarlo. Infraestructura de suero montada en la habitación. Julien consigue la inclusión de la presentación de Chabela. Concluyo la dilución del anticuerpo. Mi presentación ha sido aprobada por el comité científico del congreso. Abordaje de la vena radial. He recibido un patrocinio de una organización extranjera interesada en dilucidar la identidad de las tortugas marinas que se pescan en aguas cubanas. Me cubre los boletos, porque aquí es necesario tener el de regreso para poder sacar el de ida, el hospedaje y la estancia. Anticuerpo en circulación. Mis amigos desperdigados en la diáspora comienzan a averiguar la combinación más barata y cómoda para hacer la travesía. Algunos hacen una ponina. El profesor Robert, ha puesto el grueso del dinero para los boletos de Chabela. Quince minutos de circulación. Adicionalmente, he recibido una carta de una organización mediterránea que protege a las caguamas para hacer una pasantía de trabajo por varias semanas. Puedo completar mi estancia por un mes. Chabela recibe otra de un amigo arquitecto de Julien con el mismo fin. Treinta minutos de circulación y final. Retirada del abordaje y del equipo de suero.



Con mis dos cartas de invitación y las aprobaciones de mi jefe inmediato y del Consejo Científico; vistos buenos del núcleo del Partido Comunista de Cuba y del comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas, también cubana, que militan en mi institución; y finalmente con la aprobación del Consejo de Dirección; procedo a los trámites regulares en la universidad. También para buscar la aprobación. Semejantes pasos para Chabela, empero en su institución. Viaje correctamente tramitado. Habilitación del pasaporte por parte de las instituciones rectoras, que implica además el permiso de Inmigración y Extranjería para poder salir del territorio nacional. Obtención de la dispensa del Ministerio de Relaciones Exteriores para pagar el impuesto de aeropuerto en la moneda nacional con que nos pagan. Compra de respectivos seguros médicos con la ayuda monetaria recibida de una desperdigada, porque son en CUC. CUC son las siglas o unidad de la otra moneda nacional, empero libremente convertible. Condición que la discrimina. Prerreservas de boletos. Tramitación de las visas, también en CUC. Otra vez con la misma ayuda. Peluca platinada que ama al cuero cabelludo. Descascarados repellados por un pintalabios mágico. Ojeras corregidas. Busto reparado por unas modistas que se entrenan en la carrera de diseño escenográfico. Blusa que enmascara la flebitis. Y un ánimo calzado por la sonrisa de esos estudiantes universitarios que siempre la esperan. Únicos porque hacen ver la isla por lo bello que escurre y no por la fealdad que zozobra. ¡`´! Compra de los boletos electrónicos desde Berlín a través de una amiga. Otra vez vamos a limpiar del camino.



-Y…- -Si se muere, la entierro.- Contacto para comprar cajas de Cohiba Espléndidos. Hechos totalmente a mano. No se permiten llevar más de 23 tabacos. Puros. Casi una caja. Yo las cojo en 30 CUC. Ahora, mi salario devengado equivale a unos 17 CUC. Lo multiplico por once a través de un préstamo. Libremente convertibles. Originales como somos los cubanos. Sello holográfico y etiquetas. La Habana, Cuba. Hecho totalmente a mano. Menos los comprobantes de compra y venta. Nosotros llevaremos dos cajas selladas en cada maleta, y una en cada equipaje de mano. Si las cosas salen bien, podré tener cierta solvencia para que Chabela aterrice uno de sus sueños. -Mijo, ¿por qué no dejas las cajas? De por sí los equipos de suero, los medicamentos y los materiales de enfermería llaman mucho la atención.- -Sencillo. Será abril y no tenemos abrigos ni zapatos adecuados. No sé si las maletas prestadas puedan soportar el peso de nuestro equipaje. ¿Sigo con la lista?… En realidad lo que si tenemos es un arsenal médico y estratégico. Quisiera llevar frutos de nuestra tierra para compartir con los amigos de la diáspora y unas botellas de Guayabita del Pinar para regalar a quienes generosamente nos han ayudado. Hay que recaudar dinero y las cajas son nuestra carta de triunfo.- Hechas totalmente a mano. Hacer las maletas. -¿Dónde se van a quedar?- Chencha, no se ha dado cuenta que ya estamos montados en una aventura que tuvo un comienzo forzado. -No se preocupe, Julien nos recibirá en Frankfurt con sus libélulas y luego nos embarcarán hacia Creta.- -Julien, qué bello es ese joven.- -Allí nos quedaremos en el hotel que hospedará a los delegados del congreso donde participaré por una semana, para luego pernoctar por quince días en Grecia peninsular.- Cejas arqueadas. -¿Y no sacarán a Chabela del hotel?- -La habitación está reservada para cuatro personas y está a nombre de Enelio.- Ella está asustada porque aquí un nacional no puede hospedarse en un hotel por dinero que tenga, a menos que reciba un estímulo de organizaciones gubernamentales. -¿Y en la península? Dios mío, protégelos. Santa Rita de Casia. Eso…- -¿Qué pasa?- Corre por el pasillo hasta llegar a su cuarto. Hurga desesperadamente. -Mira, esta estampilla tienen que llevarla consigo. Es de la abogada de los imposibles.- -Nos quedaremos en casa de un profesor de Filosofía de la Universidad de Atenas. Finalmente, regresaremos a Frankfurt para hacer conexión hacia La Habana.- Chencha prosigue con la lectura como si fuera un equipo de música que carece del stop. -Santa Rita protégelos, te lo imploro.- Maletas terminadas. Diversas como es el mundo del desafío. -¿Y la comida?- -Por lo menos allá no tendré que cazar carneros. Tampoco tendré que cargarlos, degollarlos, desollarlos, destriparlos ni desmembrarlos para luego transportarlos unos 140 km a casa con el temor de una inspección policial de carretera decomise la provisión confundiéndola en el mejor de los casos con mercancía.-



Chencha quedó en casa. -Oh poderosa Santa Rita,…- María, la madrina de Chabela, fue a despedirnos al aeropuerto. Atrás no queda ni la estela. Ya no contamos. Me siento ilegal y también así siento por todos los coterráneos que están aquí. Miedo… ¡Presente! Ese del que podría decir que está encarnado en nosotros si no fuera tan promiscuo. Es la primera vez que Chabela saldrá de la isla. También la primera vez que volará en avión. Es la primera vez en la que yo viajo con Miedo de la mano. Pasamos la cabina de inmigración y logro saludar desde lo lejos a María que, después de hacernos reír, llora cual niño que le retiran la chambelona antes de acostarse y se pregunta entre sollozos el por qué. -…llamada abogada de los casos desesperados,…- Libres. Ahora nos sentimos libres. En cada paso nos despojamos de recuerdos, del pasado. Muchos pasos para dejar atrás la prisión, el hospital, el cementerio de Playa Larga, la casa propia y la de los amigos, los estudiantes, la universidad, y la naturaleza aún exuberante, para después regresar a ellos. Regresar inevitablemente. A ambos lados economatos de aeropuerto. Para mí, bazares porque todo me parece excesivamente caro. Mirar y no tocar. A eso estamos acostumbrados. A mirar como otros tocan. Expedidor enfrente. Miedo cercano. Hasta que el avión no despegue temeremos por la ilegalidad de las benditas cajas de tabaco. Ahora malditas. También temo por el absurdo de que alguien note la debilidad de Chabela y delate el uso de un seguro médico correspondiente a una persona sana. Siempre pensando en la delación. Asientos reclinables. Conciencia de la gravedad. Diferencia de presiones. Sus manos sobre la parte derecha de la blusa. Las mías sobre mis muslos apostando por la aventura. Desayuno. Una hora de vuelo. Savia brotando. -…socorredora en la última esperanza,…- Dos, tres… Almuerzo. Circa las nueve y nosotros sentados, como si fuéramos unos niños buenos en penitencia sin saber por qué. Otra vez las manos a la parte derecha maculada y sobre. El pájaro aterriza. Nos miramos y se nos escapa una sonrisa de pícaros. Recogidas de maletas y pasos exhaustos hacia Julien y sus libélulas. Por suerte el servicio de portaequipaje aquí es gratuito. Azulona como sólo puede ser su mirada. Y esa sonrisa perfecta que me hizo recordar las madrugadas en las que arreglábamos una ciudad sin compostura. La reconozco como propia. Con la bella de Constanza y su ninfa de Luna. Marina su mirada como lo son de azul nuestras playas. Otra vez en familia, aunque sin la prisión, el hospital, el cementerio de Playa Larga, la casa propia y la de los amigos, los estudiantes, la universidad, ni la naturaleza exuberante.



Abre la puerta y el interior era una velada muy francesa. Confieso que lo que más deseamos conocer es el baño. Limpiarse del camino. Los apósitos están teñidos con sangraza y la savia supurada ha traspasado la parte derecha de la blusa. -…refugio y salvación en el dolor,…- Julien aparta la azulona y la libélula madre revolotea como suelen hacer las de su especie alrededor de una bombilla en la obscuridad de la noche. -Es normal. Todo está bajo control.- -No dudo que la situación esté bajo control.- Julien duda de la normalidad. ¿Alguien podría no hacerlo? Herborizadas las yerbas traídas desde Cuba. Infusión en una hornilla eléctrica. Todo es eléctrico menos mis amigos. Parte la derramo sobre los apósitos enlodados para facilitar la separación. Cada uno lo retiro como la adolescente que deshoja la flor preguntando si es querida o no por el amante imaginado. Se ablandan los tejidos necróticos y los retiro con gasa hasta que los vasos quedan limpios al igual que partes de las costillas expuestas cuatro y cinco. Es normal. Todo está bajo control. Gentamicina en mano cubriendo las paredes internas e irregulares de la mama corrompida. Nuevamente los apósitos. Chabela está lista para asearse y después, comer todos juntos. Julien me abraza y me impregna de su eterna llama. Yo me siento un fleco entre sus brazos. Sus manos me acarician el cuero cabelludo que también se expone como el de Chabela. Yo me escondo en su pecho. No quiero que vea mis lágrimas que sé que está sintiendo. Constanza sigue revoloteando. Julien es un muchacho bello como diría Chencha. -Mi Nacho, ¿qué te han hecho? ¿Qué les han hecho?- Y yo me derrumbo. Aún arrastro una isla de islas. -…que conduce al abismo del delito y de la desesperación con toda confianza en tu celestial poder;…- Me sacude. Me besa la frente. Seca mis mejillas con las suyas y me deja libre. Constanza se posa sobre mí y da la bienvenida a su casa y a su familia. Consigue la plenitud de mi sonrisa. Esperamos por Chabela que llega y se sienta a la mesa. Arrulla a Luna Marina y la deja al abrigo de sus padres. Es normal. Todo está bajo control.



Al día siguiente tenemos que abandonar ese nido familiar después de que Chabela dio su charla ante un auditorio que lo curioseaba todo. Indiscreto como solemos ser nosotros. Es necesario salirse no sin antes hablar sobre nuestro anfitrión una vez nos establezcamos en Atenas. -Un Bohemio. Un profesor de filosofía nutrido del aroma inagotable del flower Power. Purificado de las taras del cuerpo. De la noche y de las alucinaciones. Más allá del bien y del mal. De Tales a Foucault.- Dejamos algunos regalos y regresamos al aeropuerto rumbo Atenas. Por fin una de las ciudades de su sueño, que obviamente deja de serlo porque yace bajo nuestros pies. Es como si voláramos con alas propias sobre una pintoresca maqueta de barrios, parques, monumentos y mares homogéneamente azules. Cada movimiento del alerón contiguo a mi asiento da credibilidad a nuestras alas. ¡Estamos en Grecia! ¡Volamos! Cambio de avión en el aeropuerto Eleftherios Venizelos. Personajes cercanos, como si salieran de los campos de Cuba o simplemente se movieran dentro de ésta. Con cajas amarradas en cruz como equipajes. Las mujeres mayores con vestimenta negra. Surcar el ave al viento. Abajo el Egeo o Aegea, como el mar o la mar. Se posa el ave y la escotilla da paso a la escalerilla que nos pone en una pista llena de flores silvestres. Asteráceas diversas como lo es el ser humano en sí, independientemente de sus circunstancias, de su isla. La enterraremos aquí si fuera preciso. Cada flor me roba antes de entrar a la Terminal de Heraclion. Y la gente, tan amable. Chabela inspirada en el derredor para mitigar el cansancio. -…recurro a ti en el caso difícil e imprevisto que oprime dolorosamente mi corazón.- Taxi. Taxista deleitado con un Habano. Deseoso de intercambiar cuando se entera de nuestra nacionalidad. -Primera vez que tengo la oportunidad de montar a unos cubanos de Cuba.- ¡Cubanos de Cuba! De dónde podrían ser los cubanos sino de Cuba, independientemente del lugar de residencia. ¡La Habana, capital de todos los cubanos! Proposición de cajas de tabaco. -300 euros.- No le llega a pesar de reconocer la calidad. -Aquí se aprecia el Habano, no por gusto el tabaco es nuestro principal cultivo en la agricultura.- Villa Aghia Pelaghia. Hotel Capsis. Habitación 5101. Abrazos de Enelio. Coterráneo y colega. Gentil. Limpiarse del camino. Esta vez el volcán había tenido más erupción y la lava había cuajado en los bordes de la caldera. Después, la dejo dormida y me salgo de la habitación. Me voy a los jardines silvestres del derredor a colectar de las más diversas asteráceas. Conformo un ramito, y hago un arreglo floral con una botella de la bebida del enemigo para que reciba a Chabela una vez despierte. -Dime, oh Santa Rita, ¿no me vas a ayudar tú?- Aprovecho y me voy a una casa cretense del Habano y logro colocar una caja. Las florecillas despertaron juntas y Chabela se las arregla muy bien para salir de turista y comenzar su periplo por la isla del minotauro. Le di cien euros para que se sintiera holgada. Cayendo la noche nos encontramos en la playa para cenar con unos amigos que nos habían invitado. No obstante, pregunto a Chabela por los gastos del día para tener una idea. Me comenta que ha consumido todo el dinero. Quedo muy sorprendido y hasta replico. Somos y no turistas. Mirar y no tocar. Responsabilidad. Planificación. ¿Qué somos? ¿Para qué vinimos? ¡Naturaleza! ¡Santa Rita de Casia! Ayúdame por favor. A Chabela se le aguan los ojos y la negra me entristece. Al regreso me muestra parte de sus compras. Casi todo es para regalar a las batas y amigos por los que hemos llegado hasta aquí. Por la calidad no son simples souvenirs. Se me parte el corazón. Me siento culpable. Somos muy malos pobres. Agradecidos como suelen ser los humildes. -Mañana será otro día. Mientras tengamos dinero para comer y un techo donde pernoctar no hay por qué cohibirse.- Seremos virtualmente libres. Me hago a esa máxima.



El día de mi presentación corresponde aplicar las terapias, que duran casi seis horas. -¿Vas a alejar tu mirada y tu piedad de mi corazón, tan sumadamente atribulado?- Enelio es el único coterráneo que se brinda a velar los sueros para que me de tiempo cumplir con la meta profesional y no tener problemas a mi regreso. Anansi engaña al sol para sacar provecho para sí. Por eso engorda sólo de existir. Su incapacidad en general, y en particular por el sacrificio ajeno consiguen llenarla opíparamente. Eberto está limitado para arreglárselas con la sangre. Desciende de cubanos emigrados cuando la maniobra “Peter Pan”. Empero tiene la capacidad de hacer sentir persona a cualquier ser humano. Los otros, menos uno acuartelado por la jerarquía de sus tres colegas, son sencillamente los otros. Jeringa en mano. Bisel reflejando mi rostro que languidece en la medida que la aguja penetra otra vez la vena radial. Botón de sangre. Ya está en vena. Cambio al doce-taxol preparado. Después un lavado venoso para dar paso al trastuzumab. Finalmente otro lavado que terminará Enelio. Mediodía. -Nacho vete, que no llegarás a tiempo.- Le doy las instrucciones para retirar el equipo de suero y me voy a mi presentación. Corriendo, como acostumbro hacer en la campiña cubana, me aproximo a la sala de los carteles. Parezco un forajido. En mí es muy difícil la proyección de un personaje. Allí hay varios interesados. Miedo me acompaña. Comienzo a explicar fluidamente como si hubiera estado todo el tiempo planificando esa actividad. Un profesor mexicano, que deviene luego en tutor de mi tesis doctoral, me pide ver a mi hermana de conjunto con otra profesora coterránea de él. Ella me arroja a su pecho y espanta a Miedo como si fuera un Hada. -¡Tú también sabes lo que es el martirio del corazón, tan sumadamente atribulado!- Respiro profundo para ahogar unas lágrimas que se venían como río. Me acaricia el cuero cabelludo. -Así se hace Nacho. No hay de otra. Nosotros estamos orgullosos de conocerte.- Retomamos el camino hacia la habitación. Cuando entramos estaba Enelio recostado a Chabela. Es varios seres en uno solo. Chencha, María, su jefa, sus y mis amigos, sus estudiantes. Todos menos yo. No puedo. Soy incapaz. Quizá sea el motivo de mi concentración en los tratamientos. Hay veces que es difícil acariciar y entonces actuamos con hechos tangibles con la objetividad. -Por las atroces penas,…- Nunca podré olvidar esta escena. Todos conversan. Chabela deja ver su sonrisa. Mi cuerpo queda detrás. A la sombra de Alma. Hay mucho que conversar. De la historia y del arte de una isla y de un continente particularmente relacionados. La noche avanza y Chabela debe descansar. Los profesores mexicanos me ofrecen cualquier ayuda. Sólo me dejo abrigar con el calor de su tierra.



Al amanecer, voy por más flores. Doy sepultura a las que nos habían agradado. -La enterraremos aquí si fuera preciso.- Cuando despiertan los huéspedes el ambiente sigue silvestre. Eberto nos invita a recorrer parte de la isla. Chabela, que ya había conocido casi todos los lugares se presta para servirnos de guía en el palacio de Knósos. Tantos pisos, laberintos de entonces, en los que me quiero perder aunque ya no exista minotauro. No sé si buscando un encuentro con Minos y ofrecerme en sacrificio para no cargar con más o si ya estoy muerto, para que me dé cama plácida en el mundo infernal. -…por las amargas lágrimas que sanamente derramaste,…- Alguna que otra parada para que Chabela reponga sus energías. Enelio se preocupa por su andar. Alrededores del monte Dicte, donde nació Zeus. Luego nos vamos a almorzar en una fonda engalanada no sólo por la comida sino por el comportamiento de los dueños. Es como si estuviéramos en un pueblito costero de Cuba sin penurias. En la madruga siguiente cada quien tomará su rumbo. El de nosotros conocido.



Anansi es la primera del grupo de coterráneos que regresa al aeropuerto internacional de Atenas. Los demás decidimos adelantar el matutino para que ella no tenga que pagar sola el taxi hasta el aeropuerto. Sabemos que Anansi va a ser recibida por la esposa del embajador cubano con media hora de antelación a la llegada de nuestro vuelo. Se sabe que nosotros seremos recogidos en la estación central del metro a las diez de la noche. No tengo suficiente dinero para alimentarnos hoy. -…ven en mi ayuda.- Enelio seguirá para Suecia a encontrarse con Liliana. Ya no le volveremos a ver. Empero, antes de liberarse, vacía sus bolsillos en mis manos para que le compre un almuerzo a Chabela. Yo tengo pena para pedir dinero a Eberto. Él nos ha ayudado en demasía. Regresa a su casa en la Florida, a muchos kilómetros de la ciudad de Camagüey. Enelio nos deja el número de celular de su esposa por si tenemos algún contratiempo. Llegamos al aeropuerto, y de Anansi no queda rastro. Yo espero que aparezca en algún momento para llevarse a Chabela a su mismo destino hasta que llegue la hora convenida de encuentro con el profesor de filosofía. Estación de Monastiraki. Evadir el hambre y el frío que se hace sentir en la medida que crece la noche, encima de nuestra guarida circunstancial, es lo único que pido. Estamos sentados en el andén más profundo. También como dos niños buenos de penitencia sin saber por qué. Yo casi no puedo con las maletas. Nuestra ropa es inapropiada y el dinero que me dieron lo invertí en el almuerzo de Chabela. Después de la una, las dos, y las tres para no variar. He olvidado que Anansi es enemiga del Sol, a quien también engañó en Ghana para extender la enfermedad por el mundo. Las cuatro y las cinco. No hay uñas que roer. -¿Qué hacemos aquí?- Las seis y las siete. -Habla, ruega, intercede por mí,…- Los escalofríos me levantan para volver a dejar caer. Chabela se cambia la blusa, que tampoco aguanta más secreciones. Las ocho y la policía del metro se nos acerca. Si hubieran demorado unos minutos más, creo que nos regresamos por espontánea voluntad. Se dan cuenta que somos de una especie rara. No sólo por el color moraducho de nuestras caras y manos, sino por nuestro comportamiento, como si estuviéramos confinados por el año cuarenta y cinco. Amablemente nos preguntan el por qué de nuestra prolongada estancia. Nos revisan con la mirada y no necesitan muchas herramientas para comprender nuestra espera en tan hostiles circunstancias. Ayudan a caminar a Chabela, que está más tullida que una mazorca en el maizal de invierno de mi abuelo. A mí con las maletas. Nos llevan a la oficina central. Ofrecen bebidas calientes, lo que disponen, y nos conducen a la tienda de anticuarios donde trabaja el profesor de filosofía cuando concluye el horario de clases. Nosotros hemos recobrado vitalidad. Saco un estuche de cinco Habanos que ni yo mismo me había declarado y se los obsequio. Ellos no quieren aceptarlo, empero después de escasos diálogos se llevan algunos. -…que no me atrevo a hacerlo al corazón de Dios, padre de la misericordia…-



-Enrique, amigo de Julien.- Tan políglota como el amigo en común. -Bueno, nosotros ya hemos sido identificados.- Sonreímos. Él repara en nuestros fenotipos. -Empero, ¿ustedes son cubanos o polacos?- Nos queda sólo sonreír. Auschwitz también quedó atrás. -¡Qué pena! Si imagino las circunstancias de espera de ustedes de seguro hubiera ideado un plan b.- -No importa, ya nos hemos encontrado.- -Pues a casa.- Yo pienso en un plato de comida, abrigo y baño. Creo que en demasiadas cosas. -…y fuente de toda consolación,…- Llegamos y nos acotejamos como podemos. La casa es confortable y en ésta reina una filosofía aún con aires del flower power. Los pensamientos se hacen realidad. Al día siguiente planificamos la venta de las cajas de tabaco. Acordamos la defensa de unos 300 euros por cada una con posibilidades de regateo de hasta 250. La diana será un lugar que aluda a Cuba y donde se consuman los Habanos. Puros. Hecho a mano. Cohíba Espléndidos. Poco antes de la medianoche nos dirigimos a “La Cubanita” y para sorpresa mía, la dueña es una griega pintoresca que sabe aquilatar la calidad del producto. -…consígueme la gracia que deseo.- Hecho a mano. -250.- ¡`´! Viajes turísticos. Comida por cuenta propia. Compra de maletas. Abrigos. Zapatos. Pantalones. Blusas. Camisas. Ajustadores. Calzones y calcetines. Con euforia nos vamos a la Acrópolis de Atenas. Chabela no tiene que pagar ninguna entrada porque es profesora de un instituto de enseñanza superior de artes y aunque sea de una isla caribeña, aquí cuenta. Y yo privilegiado, disfrutando además de una guía especializada. A menudo otros turistas de habla hispana se acercan para deleitarse con las explicaciones. Los Propileos. Un escalón. Después otro. Despacio como ha de ser el camino por la historia, para no sólo percibir la arquitectura sino las descripciones de quienes escriben sobre el repaso de los que ya no están. El templo de Atenea Niké con su friso sobreviviente y victorioso. Un respiro. El Partenón con sus sólidas, equilibradas y poderosas columnas como lo fue el siglo de Pericles. Participación democrática en el gobierno. Los frisos históricos de aquella cultura legendaria. Pago a cambio de los servicios estatales. Y una imaginación bien alimentada que me hace situar a Atenea Partenos en su interior, reflejada en un espejo de agua con otra criselefantina de Niké sujeta en la mano derecha y en la izquierda, la protección de un escudo y una serpiente. Elección directa de los miembros del consejo por los ciudadanos. Otro respiro. El Erecteion, el más sagrado por cobijar a varios dioses, semidioses, héroes y heroínas. Soportado en una parte por las seis cariátides. Emancipación de cultos. El teatro de Dionisio a un costado de la base de la colina. Libertad para la expresión del arte y en particular de la literatura. ¿Es qué puede haber arte y literatura sin libertad? Creo que al menos ésta tiene que reinar en el individuo, condición sine qua non. El Odeón Irodou Attiko. Un descanso más largo. Los campus tan helénicos como sus esculturas. Florecillas por doquier. La enterraremos aquí si fuera preciso. Después al Ágora. Otro descanso. Descansos que conectan los días, porque en la noche la mente rumia las imágenes. El Arco de Adriano que da paso poco después a un Templo de Zeus. El Puerto de Pireo. Las embarcaciones de diverso porte. La mar limpia y fría abraza nuestras manos. Y el viento despeina cabellos que se han vuelto virtuales. Tan virtual como la realidad que estamos viviendo. -Indíquese aquí la gracia deseada.- Otros descansos entre los museos Nacional de Arqueología, el Bizantino, el de la Acrópolis y el Benaki. Chabela se alimenta con importantes colecciones de arte. Tengo que insistir para que coma alimentos. Y no es la sazón, porque estos griegos todo lo hacen bien. Es el contacto con una realidad existente más allá de los libros, de las aulas universitarias como estudiante y profesora, de la isla o su conjunto. Es la muerte de un sueño advenido.



Las noches largas. Cuando Chabela puede aguantar hasta deshoras con su bastón humano, recogemos a Enrique en la tienda donde se desenvuelve como vendedor especializado de obras de arte. Si ella se siente indispuesta, entonces yo lo hago. Nos regresamos a su casa, o nos vamos de parranda con su novia o amigos. La noche se pone candente, pues Enrique se posiciona como el pensador de Rodin. -Presentada mi gracia seguro que me escuchará;…- De facto tiene una réplica en su casa. Luego de repasar alguna lección sobre cualquier temática, profesor de filosofía, medita sobre nuestra suerte y no precisamente por estar en Atenas. Se tensiona físicamente como si la ropa fuera a deshacerse porque siente miedo por nosotros y le es difícil de comunicar para no averiarnos más. Me refiero a Chabela y a mí, porque como él dice, la suerte de los cubanos está echada al igual que la de cualquier pueblo aunque no tenga oráculo. Él anima haciéndome entender que el verdadero infierno no es el que te hacen padecer sino el que uno deja entrar a hacer concubinato con Alma, como el miedo. Tormentos, muchas veces ocasionados por la frustración. Yo sonrío. ¿Qué sabrás tú de infierno, de tormentos y de frustraciones? Me digo hacia adentro, aunque concuerde. En cualquier circunstancia uno está expuesto al padecimiento, y la capacidad de sobrevivir e incluso de hacer dependerá de la entrada que se le dé a Miedo. Escrito se resuelve muy bien. -…y yo me valdré de este favor para mejorar mi vida y mis costumbres,…-



Ómnibus Marcopolo. Pasajeros con equipaje de turista. Nosotros con una maleta de porte grande, que llama la atención. Istmo de Corinto. La guía funge como interlocutora en la presentación de los turistas que transitarán por el recorrido clásico de la agencia. -Ignacio e Isabel, cubanos.- -¿Cubanos de Cuba?- Asentimos con la cabeza. -¡Bienvenidos! Ustedes son mis primeros turistas cubanos de Cuba.- Logra sacarnos una sonrisa. Epidauro con su teatro magnificente donde compro una escultura con tallado de la esencia del Corpus Hippocraticum para mi amigo y acertado médico Jorge Luis. Una familia de mexicanos, padre, madre e hijo, nos escudriña. Yo presiento un acercamiento. El padre es médico y ha advertido que Chabela está muy enferma. Él no sabe cómo ayudar. Se acerca y yo lo miro con determinación. Se retira, hasta que no puede más y nos invita a almorzar. Nosotros apenados no sabemos bien como conducirnos. Busca al camarero y pregunta su recomendación. Se ameniza el ambiente y no tenemos necesidad de pedir. La Puerta de los Leones que da paso a Mecenas, y en las postrimerías a la tumba de Agamenón, donde fue recuperada la famosa máscara en oro. Una familia de suizos, madre e hija, nos invita a cenar. Sabían de la isla y de sus islas. También habían advertido que nosotros éramos unos compañeros de viaje que albergábamos una verdad por la que temer. Directamente nos recomiendan un plato hecho a base de cordero y una bebida griega, refrescante como el paisaje. La hija me confiesa que quizá sea el último viaje con su madre. Creo que ella había reparado, por nuestro origen y condición, en que nuestro viaje también era de despedida. Santuario de Olimpia con sus invaluables ruinas de templos, monumentos, altares, teatros y estatuas, entre las que sobresalen los templos de Zeus, de Heraion y de Filipeion, el estadio donde corremos todos los turistas y soy premiado con la corona de oliva para recordar los tiempos de las olimpiadas antiguas, y el gimnasio donde las esculturas sobrevivientes las imagino en competición y amándose. -…para cantar en la tierra y en el cielo las misericordias divinas.- Noche retumbando cuando se hace sentir la falla del Golfo de Corinto. Preparo las condiciones para poner los sueros en la habitación del hotel. A esa hora nadie se preocuparía por los cubanitos. Otra vez la vena radial y mi mano anzolándola con un cordel que conduce al pomo con suero fisiológico. Después dará paso al citostático y más tarde al anticuerpo monoclonal. Chabela está exhausta. Su mirada vuelve a atrincherarse. El cuerpo se recoge en posición fetal. Miedo me viola por todas partes. Regurgita más que vomitar. La noche tiembla para acompañarme y no hacerme sentir débil. A fin de cuenta yo no soy el que padece. Hablo de las obras como si estuvieran completas, cuando queda muy poco de la mayoría. Debe ser porque aprendí a reconocer entre las ruinas el propósito, la esencia. Se calma la falla. Chabela dormita. La noche y mi cuerpo ya no están en resonancia con Miedo. Amanecemos subiendo el Parnaso. Chabela me dice que no cree poder caminar una vez nos apeemos del ómnibus. -Seré tu bastón si es preciso nuevamente.- Me aproximo a la guía y le comento de la indisposición y mi deseo. Ella, compadecida antes de que yo prosiga me estimula cuando me dice que habría todo un día para la ciudad de Delfos. Paso a paso. La guía se nos acerca y nos dice con toda intencionalidad que hay que llegar a respirar el aura de los restos del Templo de Apolo. Delfos con el Templo de Apolo, de cuyos oráculos pescó Pitia, el teatro y un estadio en la parte más alta. La familia de mexicanos nos caza. El padre se siente responsable de nosotros. Hay un momento en que trata de indagar sobre el padecimiento. Yo no puedo más y él nota mi descomposición. Rápidamente comienza a hablar de los mariachis y del origen de la denominación. Puente Charilaos Trikoupis o Rio – Antirio, como le reconocen los griegos al atirantado más largo. Atenas. Despedida de los amigos. -Buena suerte para ustedes.- -¡Qué Dios los acompañe!- Muchas compras para regalar. A tal extremo que tenemos que ponernos cuatro mudas de ropas y sobrecargar el equipaje de mano para poder continuar hacia Frankfurt con conexión a La Habana.



Cuando las aeromozas anuncian que en breves estaríamos en La Habana, Chabela se pone las manos en la parte derecha de la blusa maculada y yo en los muslos. Nos miramos de refilón. Lo suficiente como para saber que estamos emocionados. Ya necesitábamos a Chencha, a María y a Roma. Valla que dice ¡Cuba, primer territorio libre de América! Necesitábamos la prisión, el hospital, el cementerio de Playa Larga, la casa propia y la de los amigos, los estudiantes, la universidad, y la naturaleza aún exuberante. Llenos de equipajes encimados en mí. Creo que no me identificarán. -¡Aterrizaron!- La Habana, ¡capital de todos los cubanos! -Padre nuestro, Ave María y Gloria.-



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Spanish post from El Blog de Jeronimo by Lilianne Ruíz