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Spanish post from Sin Evasion by Miriam Celaya

La Latinoamérica que reconozco



La Cumbre de las Américas, en Panamá, quedará en mi memoria bajo la forma de muchas imágenes. Seis días intensos, en el mejor y en el peor de los sentidos, pero con el saldo de haber salido fortalecida y feliz por el privilegio de ser testigo de un acontecimiento histórico: la presencia cubana en el más importante cónclave hemisférico, y haber tenido el honor de participar en él como parte de la sociedad civil independiente de la Isla.



No repetiré los tristes episodios protagonizados por las huestes gubernamentales disfrazadas de sociedad civil, encabezados por el señor Abel Prieto, ex Ministro de Cultura y actual asesor del General-Presidente, que se encargaron de demostrar sin lugar a dudas la naturaleza reaccionaria y excluyente del régimen al que representaron. Baste ese mínimo dato para inferir qué tipo de cultura “superior” supone la exhibición pública (y extraterritorial) de grosería y violencia contra la opinión diferente, de la jauría castrista adoctrinada y ciega.



Hicieron su papel: el ridículo. Porque mientras ellos ladraban rabiosos a los supuestos “enemigos históricos de nuestra nación”, mientras distribuyeron periodicuchos y CDs descalificando con ofensas a quienes no podrían enfrentar con argumentos, y mientras presentaban demandas que no fueron incluidas en las recomendaciones registradas en la relatoría de la Cumbre, sus amos -en pos de los odiados dólares del Imperio- estrechaban las manos y repartían sonrisas al representante de ese mismo “enemigo”.  Es el destino del esclavo.



Ahora los demócratas latinoamericanos tienen un vívido botón de muestra de lo que vivimos los opositores al interior de Cuba, aunque lo que vieron fuera apenas un pálido reflejo de la represión que se aplica cotidianamente sobre centenares de cubanos. Ningún sujeto decente emergió ileso de las emociones de estas jornadas inolvidables. Casi tendríamos que agradecer a la dictadura y sus hordas el favor de su espectáculo.



Pero al margen de todos los foros, de los encuentros con dirigentes políticos y sociales de todo el continente, de la satisfacción de ver dignamente representados a tantos compatriotas demócratas del interior de la Isla y a la indiscutible empatía que guardamos todos, los “de adentro y de afuera”, unidos por la aspiración común de una Cuba libre, quizás lo más impresionante fue el momento sublime de ver aparecer en medio del hostigamiento de los castristas varias decenas de representantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia portando carteles donde se leía “Democracia es respeto” y “Respeto es Democracia”, que levantaron con firmeza frente a los enfurecidos alabarderos castristas y la tonta sonrisa de beodo de Abel Prieto.



No olvidaré ese momento porque me llenó de esperanzas la imagen de aquellos jóvenes demócratas de casi todos los países de Latinoamérica que nos ofrecieron su solidaridad aun cuando ellos mismos fueron boicoteados y hostigados en sus espacios paralelos y soportaron con valentía todas las presiones. Gracias a ellos he comprobado que este continente no es una simple suma de idiotas siguiendo como un rebaño el mito ponzoñoso de la revolución cubana, y que en realidad ninguno de nosotros está solo. Si tan solo hubiese sido para vivir tan bella experiencia, la Cumbre de las Américas en Panamá habrá valido la pena.



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Spanish post from Sin Evasion by Miriam Celaya